«La historia de nuestros monjes antiguos no ha sido estudiada todavía con un criterio mo- derno» decía Fray Justo Pérez de Urbe1 hace medio siglo refiriéndose a los monjes hispanos1. El monacato oriental había tenido más suerte. Seguramente porque los restos arqueológicos son allí mucho más abundantes y bien conservados, entre otras cosas por el hecho de que en muchos lu- gares la vida monacal no se ha interrumpido, esos restos son mucho más significativos y sirven de punto de referencia2. Para el occidente del Mediterráneo, en cambio, dando por supuesto un tipo monacato muy condicionado por la experiencia benedictina, probablemente por la falta de imágenes concretas en las que fijarse, la investigación ha ido por otros caminos: Se han escrito excelentes estudios sobre el encuadramiento de la vida monacal en la historia3 o exposiciones históricas vulgarizadoras4. Sólo muy lentamente las cosas han ido cambiando5. Es, en efecto, el trabajo de procurar ofrecer la geografía y la cronología del monacato lo que viene aportando to- rrentes de luz al tema.

Publicado: 20-01-1999

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    419-431

Los forjadores de la Antiguedad Tardía