Europa se ha librado, en gran medida, en los últimos 50 años de guerras. Y, sin embargo, nuestro tiempo se vive como una crisis. Esto no se debe tanto al cambio climático, que de hecho la mayoría de la gente oculta, sino más bien a la migración procedente de los países islámicos, dando lugar así a muchos pequeños y grandes conflictos en todos los ámbitos de la sociedad. En la vida cotidiana esto se refleja en las diversas concepciones sobre la familia, los roles de hombres y mujeres y, con menos frecuencia, en la separación entre Iglesia y Estado. En algunas regiones, y particularmente en las grandes ciudades, se han configurado así auténticas sociedades paralelas, si bien todavía en los niveles socialmente más bajos, que ni siquiera dominan la lengua de uso corriente. Por lo tanto, no es de extrañar que en la actualidad se discuta en toda Europa cómo los inmigrantes pueden ser integrados, cómo conseguir que acepten las normas sociales locales y cómo lograr que se identifiquen con el país anfitrión y sus normas constitucionales. Mientras, los recién llegados aún siguen conectados con su país de origen, por así decirlo, bajo la forma de una «segunda» identidad.

........

Publicado: 13-03-2008