Desde hace un cuarto de siglo se está recuperando una tradición eclipsada, pero nunca del todo olvidada, la conciencia de que a lo largo de nuestra historia las cuevas y soledades habían sido, en muchas ocasiones, habitadas por «hombres de Dios». El hecho está documentado en casos como San Millán de la Cogolla, cuya vida nos habla claro al respecto y en otros como el monasterio de San Martín de Albelda, que nunca perdió la imagen rupestre todavía hoy bien visible en el lugar. El resto de los lugares con cuevas se había ido desdibujando hasta que lentamente han ido apareciendo primero la cueva del «Patio de los Curas» de Arnedo con epigrafía del siglo V, que sin vacilación posible ha sido identificada como iglesia, luego ya con la conciencia atenta, el monasterio rupestre de San Miguel de Arnedo; así como los complejos rupestres del alto Ebro, los entornos del Condado de Treviño y otros puntos de las provincias vascas4 . Los estudiosos se han dado cuenta de que San Tirso de Arnedillo es una ermita en una cueva, de tal suerte que ya cuando los indicios son claros, y lo son en muchos casos, no se discute que aquellas cuevas que cuentan con ellos hayan sido sedes de viviendas monásticas.

Publicado: 13-03-2009

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