ERASMO FILÓLOGO

  • Chris L. Heesakkers
Palabras clave: Ediciones de Cicerón, Nuevo Testamento, Séneca filósofo, Traducciones latinas de Eurípides, Luciano, Aldo Manucio, Ioannes Frobenius, Lorenzo Valla

Resumen

La reputación filológica de Erasmo está inseparablemente vinculada a su nueva traducción latina y editio princeps del Nuevo Testamento griego (1516; ediciones revisadas 1519, 1522, 1527, 1535), y a su edición de San Jerónimo y otros Padres. Para Erasmo, el “moto” del humanismo, ad fontes, es decir, volver a las fuentes culturales de la antigüedad para elevar la sociedad europea, era aplicable igualmente a la teología y la vida cristiana, philosophia Christi: el Nuevo Testamento y los Padres necesitaban una restauración mediante una vuelta a sus fuentes, pero, como todos los textos antiguos, estas fuentes necesitaban previamente su propia restauración filológica. Entrado en un convento de canónigos, Erasmo decidió dedicar todos sus estudios a la accesibilidad y la purificación de las fuentes del cristianismo, sobre todo el texto de la Vulgata latina, texto fundamental para los teólogos y para la liturgia de la iglesia latina. Lo consideraba la meta de su vida. Eso no era, lógicamente, obstáculo para ocuparse de textos profanos, en particular los que contribuían a la formación moral y piadosa de los lectores. Sus traducciones latinas de textos griegos profanos debían proporcionarle a él un conocimiento del griego, indispensable por el estudio del Nuevo Testamento, pero ofrecían también lecciones morales útiles a los lectores cristianos. Además, contenían emendaciones filológicas escondidas, cuando Erasmo en su traducción se apartaba del griego y seguía su propia conjetura no expresada. Erasmo publicó igualmente el De officiis y otros tratados éticos de Cicerón y las Obras de Séneca, textos que juzgaba utilísimos para todos.

Biografía del autor/a

Chris L. Heesakkers
Universidad de Amsterdam
Sección
Artículos