Discurso pronunciado en Aranjuez el 23 de noviembre de 1913

  • José Martínez Ruiz «Azorín»

Resumen

Queridos compañeros: Gracias cordialísimas a todos; gracias por siempre y para siempre. Hay tanta inmodestia en no aceptar tercamente un honor como en prodigarse persiguiéndolo. Se ha dicho que rehusar el elogio es deseo de ser dos veces loado; puesto que a la negativa del elogio, por nuestra parte, ha de corresponder cortésmente la reiteración de la loanza por parte del elogiador. Una consideración capital se ha impuesto a mi espíritu cuando surgió la idea de este acto: la consideración —que estaba en el ambiente— de que se trataba, más que de celebrar una persona, de reiterar y afirmar una tendencia. Afirmar, reiterar, corroborar, renovar una tendencia, haciendo una pública manifestación de solidaridad, de hermandad espiritual, de fraternal compañerismo. Lo que nos une aquí son ideas, sentimientos y anhelos que todos llevamos en nuestro espíritu y por los que todos suspiramos. No se trata de jóvenes o viejos, ni de tradicionalistas o revolucionarios en literatura. De viejos y de jóvenes no se puede hablar mirando a la edad; maestro de algunos de los que nos encontramos aquí fue D. Francisco Pí y Margall, y Pí y Margall, que murió en la senectud, acabó su vida en una esplendorosa lozanía de corazón y de intelecto. Jóvenes hay que son decrépitos; viejos hay que pueden dar lecciones de entusiasmo y de optimismo a los jóvenes. (...)

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Cómo citar
Martínez Ruiz «Azorín», J. (1). Discurso pronunciado en Aranjuez el 23 de noviembre de 1913. Sociología Histórica, (2), 449-452. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/sh/article/view/189091