Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de Americanistas. 2026.
1947 – 2026 ✟
Antonio Gutiérrez Escudero era una buena persona. De esas a las que, como escribía Bertolt Brecht en Canción de la buena gente, se las reconoce en que resultan mejores cuando se las conoce. Y lo era en el trato, en el comportamiento, y también en su dimensión profesional. Supo conciliar su trayectoria de investigación y gestión con un talante amable y cercano. Eso se proyectó en su dilatada relación con la AEA. Era vicepresidente cuando tras el fallecimiento del Dr. Ronald Escobedo en el año 2000 asumió la presidencia. Luego las elecciones le llevaron a continuar hasta el año 2012, manteniéndose después durante unos años más como parte de la Junta Directiva. En todo ese tiempo gestionó los asuntos de la AEA con dedicación y esa actitud abierta y resolutiva que le caracterizaba.
Al frente de la Asociación mantuvo y potenció las actividades académicas y coordinó y ejecutó las funciones centrales para su continuidad. Las reuniones de la Junta Directiva tenían lugar presencialmente (¡qué tiempos¡) y eran realmente espacios de trabajo y de compromiso. Los congresos y simposios, que son señas de identidad de la AEA y se celebraban y celebran anualmente, se realizaron bajo su presidencia junto con instituciones académicas y científicas de distintas ciudades españolas, en un ejercicio eficiente de potenciar las relaciones entre investigadores jóvenes y los más consolidados y de dar a conocer a nuestra Asociación, así como incrementar el número de asociados. No fue menor su empeño y dedicación a la edición de los resultados en monografías colectivas que constituyen uno de los haberes de estos encuentros y suponen un escaparate para conocer temas, enfoques y avances del americanismo en tiempo largo. Antonio Gutiérrez Escudero supo desplegar sus dotes diplomáticas para implicar, no solo a las autoridades académicas, sino también a los responsables de los gobiernos y otras instancias culturales, cuya cooperación contribuyó al éxito de congresos y simposios.
Su sonrisa, afabilidad, buen trato, compromiso y eficacia constituyen un legado del que la AEA se ha beneficiado y que quedará en su historia y en la memoria de quienes hemos tenido la suerte de compartir con él trabajo y amistad. Mi recuerdo quedaría incompleto sin mencionar a Tere, su compañera de vida y su firme apoyo en su dedicación a la Asociación.