Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 99 (2026), pp. 241-245
ISSN: 1989-4651 (electrónico)
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VAN VOORST, R. (2024). Sexo con robots y pastillas para enamorarse. Barcelona: Deusto
Sexo con robots y pastillas para enamorarse constituye la investigación realizada a lo largo de tres años por la doctora en Antropología e investigadora neerlandesa Roanne van Voorst, especializada en prospectiva y futurología. A través de su enfoque antropológico, Van Voorst lleva a cabo una serie de reflexiones sobre los paradigmas contemporáneos del amor atravesado por la innovación tecnológica. Publicado en 2022 y traducido en 2024 por Carmen Clavero, la edición de Deusto consta de un prólogo, diez capítulos y un epílogo. En cuanto a su exposición, el desarrollo de la obra no sigue unos ejes temáticos concretos y estructurados; sino que intercala y entreteje las cuestiones a analizar, de tal manera que estas adquieren un mayor desarrollo y profundidad conforme se avanza en la lectura. No obstante, podemos establecer tres dimensiones de estudio que van alternándose: sexualidad, tecnología y bioética.
En el Prólogo, van Voorst aborda la cuestión del amor desde una mirada en primera persona y presenta las cuestiones principales abordadas en el libro, a la vez que expone su metodología de trabajo, caracterizada principalmente por la observación participante y la etnografía digital. A la vez que experimenta con las nuevas tecnologías del amor —pastillas para enamorarse, entornos virtuales, muñecos sexuales e inteligencias artificiales, entre otros— sustenta su investigación en una extensa revisión bibliográfica sobre antropología, psicología, ingeniería y filosofía. A su vez realiza, describe y recopila entrevistas a perfiles que varían en su manera de experimentar el amor: personas no monógamas, queer, estudiantes, avatares online, etc. Van Voorst discute la concepción del amor desde un punto de vista antropológico y filosófico y reflexiona sobre cómo este atraviesa nuestras vivencias cotidianas empleando como herramienta su propio cuerpo: “Utilizo mi cuerpo, mi mente y las anotaciones de mi diario para darle sentido a la teoría y entender mejor cómo reacciona una persona ante determinadas cosas” (Van Voorst, 2024, p. 18). A partir de la escala del cuerpo, Van Voorst procede a una abstracción y plantea la pregunta filosófica acerca del amor. En este sentido, puntualiza que la concepción del enamoramiento como anhelo es propia de una visión occidental que no es común ni universal a todas las culturas humanas —si bien considera que los cuidados y la ayuda mutua sí son un elemento común a nuestra especie—.
Para ofrecer una definición lo suficientemente amplia acerca del amor, van Voorst recurre a la definición de la filósofa estadounidense Carrie Jenkins, quien sostiene que el amor tiene una parte biológica y una cultural: “Según ella, casi todas las visiones del amor —tal y como nos han llegado desde distintos ámbitos científicos (tanto sociales como filosóficos)— se quedan cortas, pues asumen de forma implícita una situación monógama y heteronormativa, así como la idea de que el amor romántico es importante para todo el mundo” (Van Voorst, 2024, p. 25). En este sentido, la antropóloga propone ampliar la definición de amor para hacerla más inclusiva —a la vez que se pregunta por la posibilidad de ampliarla tanto como para que en ella quepa la experiencia amorosa con un no humano—. Este es un libro que se adentra en facetas diversas de los dispositivos del amor y la sexualidad —los cuales no están necesariamente ligados, como se puede apreciar en la propia lectura de los capítulos— en nuestro presente, con miras hacia lo que el futuro nos depara: “cambiar el amor podría transformar radicalmente la experiencia humana y, con ello, las estructuras fundamentales de nuestra sociedad” (Van Voorst, 2024, p. 16).
El capítulo uno, «Aventuras con muñecas sexuales» se adentra en ámbitos sobre la sexualidad y la intimidad que pudieran provocar cierta incomodidad e incluso escándalo: tal es el caso de las muñecas sexuales diseñadas a medida para simular el contacto con un ser humano real. Tratando de dejar de lado sus propios prejuicios sobre la posibilidad de relacionarse de manera afectiva con un cuerpo de plástico, en este primer capítulo la autora plantea dudas que responden al cuestionamiento del dualismo filosófico. Por ejemplo, surge una pregunta por la presunción de una ausencia de “alma” en el “trabajador sexual inerte, una figura de silicona” (Van Voorst, 2024, p. 34). Está claro que hay cierta ironía incómoda a la hora de intimar con un maniquí de silicona, pero: ¿Pensaríamos lo mismo de este escenario si van Voorst fuese un varón ante una muñeca con rasgos femeninos? ¿Cuáles son los potenciales beneficios de las muñecas sexuales? ¿Ofrecen soluciones para grupos de riesgo o, por el contrario, más cosificación y agresividad? Según la autora, la cuestión pertinente es cómo influirán muñecas y robots en el comportamiento humano. Van Voorst acude a las obras de Jacob Burckhardt, MacLuhan o Richard Sennett para explicar cómo los procesos de innovación tecnológica y los cambios materiales en nuestra sociedad intervienen sobre el modo de relacionarnos. Además del ejemplo de las muñecas para usos sexuales, presenta el ejemplo de las muñecas resignificadas para ofrecer compañía sin fines sexuales, como Nadiah, la cual es presentada como una compañera de vida y parte del proyecto Living Alone Together.
En el segundo capítulo, «Con seis en la cama», Van Voorst aborda el presente de las relaciones sexoafectivas y las no-monogamias. Mediante un extrañamiento de lo que resulta cotidiano, la autora se propone estudiar la subcultura poliamorosa moderna. Con ello, Van Voorst cuestiona una visión universalista y sesgada de las relaciones humanas e indaga sobre formas alternativas de convivencia más allá de la familia nuclear. En primer lugar, examina el impacto de la revolución agrícola y la propiedad privada, la instauración de las normas matrimoniales y la hegemonía de la monogamia y el amor romántico en el siglo XIX, así como el análisis de la política sexual en la obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) de Friedrich Engels o El segundo sexo (1949) de Simone de Beauvoir. A partir del concepto de «olas no monógamas» de la socióloga estadounidense Elisabeth Sheff, señala que asistimos a una nueva ola en la forma de concebir el amor que, si bien puede parecer novedosa en Occidente, no lo es en todos los lugares. Así pues, una primera ola no monógama tiene lugar en el romanticismo y más adelante en el trascendentalismo de Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson. La segunda ola no monógama tuvo lugar en el siglo XX en los años sesenta y setenta con la presunta revolución sexual. Actualmente nos encontramos con una tercera revolución caracterizada por el impacto de las nuevas tecnologías y la difusión del amor libre como filosofía de vida. A través de su ejercicio antropológico, van Voorst da cuenta de cómo las no monogamias están instauradas en diferentes culturas y sociedades a partir de la investigación de la organización de la vida romántica y doméstica de diferentes personas poliamorosas.
Más adelante, en el tercer capítulo, «Cupidos digitales y muestras de ADN en un sobre», Van Voorst se pregunta cuál será el futuro de las relaciones a partir de dos fenómenos: por un lado, el estudio científico de la compatibilidad a partir de las muestras de ADN. Por otro, el uso de aplicaciones de citas para el emparejamiento. En el primero de estos fenómenos, a partir de la implicación de la autora y de su pareja en un experimento basado en varias pruebas psicológicas y biológicas, la autora plantea la posibilidad de demostrar o no científicamente el amor en base al método experimental. En resumen, se trata de un método aparentemente basado en evidencia científica para averiguar la compatibilidad de una pareja. Por otro lado, indaga en los posibles beneficios de las relaciones online mediante apps entrevistando a perfiles que hacen uso habitual de estos. Dentro de las dinámicas más comunes, identifica cierta sensación de FOMO (Fear Of Missing Out) entre los usuarios, es decir, el temor a dejar pasar de largo el perfil de una persona, a la vez que detecta cierto carácter adictivo. El empleo de estas aplicaciones bebe de un contexto social atravesado por la pandemia de la Covid 19, momento a partir del cual se registró un importante aumento en la popularidad de estas aplicaciones de citas. La filósofa Miriam Rasch sostiene que, gracias a las apps de citas, ya no son imprescindibles los encuentros incómodos.
Seguidamente, en el cuarto capítulo «¿Problemas en el paraíso? Pues tómate una pastilla», la autora nos plantea el uso de sustancias como la oxitocina como parte del trabajo de campo antropológico, refiriéndose a ellos como «fármacos para el amor». Desde un punto de vista bioético, reflexiona sobre la relación entre el debilitamiento de la cohesión social y el posible uso de medicamentos que hagan más receptivos a los seres humanos como método de acercamiento. Sin atenerse a prejuicios, explora remedios clásicos para el amor hasta el uso recreativo de sustancias a lo largo de la historia, pasando por la Grecia Clásica y Egipto. Asimismo, da cuenta del debate en torno a la patologización de la falta de deseo sexual, como es el caso del supuesto trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH). En este sentido, el desarrollo de tecnologías biomédicas tiene un claro sesgo de género, como se puede observar en los intentos por resolver la supuesta disfunción sexual femenina y la medicalización de esta. El optimismo tecnológico y la creencia de que todo tiene una solución técnica en una sociedad capitalista se proponen como posibles soluciones discutidas por filósofos como Sven Nyholm, quien considera que el uso de estos medicamentos motivados por el ideal romántico está inevitablemente dirigido al fracaso.
En el capítulo cinco, «Enamorarse de un avatar», nos adentramos en el tema del amor digital en mundos virtuales, así como en el potencial el impacto de la comunicación online en nuestras relaciones sociales, así como en el trabajo sexual en Internet. Ante este contexto cabe peguntarse: ¿Qué entrelazamiento cabe entre los mundos digital y analógico? ¿Es posible una amistad desarrollada en ámbitos digitales? La autora observa, por un lado, ciertas adiciones a los avatares y mundos digitales, pero también la posibilidad genuina del enamoramiento y la amistad online. Recurriendo a la filosofía de Montaigne, Séneca o autoras contemporáneas como Stine Jensen cuestiona la confianza que cabe depositar en rostros digitales, así como en el deseo de adquirir una apariencia ficticia ante los demás, por ejemplo, a través de un avatar. Con cierto pesimismo, la antropóloga concluye: “Si puedes ser cualquier cosa [...] te conviertes automáticamente en nada” (Van Voorst, 2024, p. 139).
El sexto capítulo, «Robots tristes, programadores pobres y estupidez artificial» la autora se pregunta por los algoritmos utilizados por LinkedIn, los chatbots y el uso de Inteligencias Artificiales en lo que respecta al romance y la amistad, así como por la antropomorfizción y la relación con los propios aparatos electrónicos. En este sentido, nos preguntamos: ¿Hemos de leer la figura del robot o ciborg de manera literal?; ¿podemos vincular esto al posthumanismo? Los ejemplos de Van Voorst dan cuenta de que no estamos ante un futuro de ciencia ficción demasiado lejano. Al contrario, se trata de tecnologías que ya repercuten sobre nuestra vida diaria, desde los sistemas lingüísticos como el chatbot de Inteligencia Artificial ChatGPT hasta sistemas de IA generativas de imágenes como DALL-E o Midjourney.
En el capítulo 7, «Amigos de alquiler, sológamos y viviendas colectivas», la autora regresa a las relaciones en el mundo “real”, dando cuenta del crecimiento notable del número de solteros en Países Bajos. En este capítulo se pueden trazar puentes con las temáticas planteadas en el tercer capítulo, en la medida en que ambos cuestionan los modelos relacionales de las sociedades capitalistas occidentales actuales. Plantea así el impacto que tienen las imágenes, ya sea a través de aplicaciones de citas o en redes sociales, en el modo en que nos relacionamos con los demás. Van Voorst considera que, en cierto modo, en las sociedades capitalistas contemporáneas, las relaciones devienen algo transaccional y aparente que, en ocasiones, aspira a paliarse con amigos de alquiler, aplicaciones de citas o amores virtuales. A lo largo del capítulo, examina el peso persistente del ideal del amor romántico en occidente, así como lo que la filósofa Elisabeth Brake denomina amatonormatividad, la creencia de que la canalización de la atracción sexual hacia la familia nuclear puede causar menos malestar social que el que tendría lugar en sociedades donde las no monogamias fuesen la norma.
Posteriormente, en el capítulo octavo, «El futuro del trabajo sexual: asistencia sexual, digitalización y pornografía inclusiva», se abre la pregunta por la cuestión de la pornografía y el futuro del trabajo sexual, aludiendo a fenómenos como la asistencia sexual, la intimidad digital o la pornografía inclusiva. A las cuestiones examinadas en este capítulo sigue la problemática del noveno, «Abstinencia juvenil, amor en la vejez y pornografía ética», en el cual vemos cómo la robótica y la ciencia ficción abren interrogantes nuevos a otros previamente abiertos: por ejemplo, la cuestión de la pornografía marcada por el debate entre abolicionistas y regulacionistas o una mayor fluidez de la sexualidad e identidad de género por parte de las generaciones más jóvenes.
En el décimo y último capítulo, «La revolución de género y el fin de los heteros», la autora señala ciertos huecos en su investigación sobre la intimidad a partir de la obra de autores como Judith Butler y la teoría de la performatividad. Por ejemplo, el hecho de no limitarse a referencias particulares a las personas transgénero y personas no binarias ante la posibilidad de expresar identidades de género alternativas al binarismo hegemónico. Nuestra concepción sobre el género responde a una visión occidental. Véanse otras sociedades donde el tercer género o los géneros no binarios son reconocidos social e institucionalmente. En sociedades donde el género se vuelve cada vez más fluido nos preguntamos: ¿El cambio en cómo percibimos el género tendrá repercusiones sobre las categorías con las que identificamos y estratificamos la sexualidad? ¿Cambiará en un futuro la manera en la que categorizamos la orientación sexual?
Finalmente, en el Epílogo la autora se pregunta acerca de cómo pensamos en los nuevos humanos: interconectados o individualizados, con menos peso y preocupaciones por cuidar de los otros o si, por el contrario, cada vez más aislados entre nosotros: “la humanidad puede, en efecto, sobrevivir perfectamente sin intimidad interpersonal, pero no puede existir un futuro humano sin que nos amemos los unos a los otros” (Van Voorst, 2024, p. 253). Desde una motivación profundamente interdisciplinar, el gran interrogante que atraviesa la obra es cómo está afectando la innovación tecnológica a la especie humana y cómo nos afectará el desarrollo tecnológico en nuestras relaciones sociales y afectivas. Así pues, el problema del amor está profundamente conectado al problema de la existencia humana. Con su obra, Van Voorst nos muestra mundos ajenos donde las plataformas digitales ofrecen la posibilidad de conocer a personas de todos los lugares, experimenta con la química del amor y cuestiona la patologización de los deseos y los tabúes en torno a ellos. A su vez ofrece preguntas incómodas que las nuevas generaciones no dudan en abordar: poliamor, cuestionamiento de la familia nuclear heterosexual, la soledad deseada, etc. Ante todo, es una obra que revela una insaciable curiosidad.
Irene Adán Sánchez-Infantes
(Universidad Complutense de Madrid)