Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 98 (2026), pp. 226-230

ISSN: 1989-4651 (electrónico)

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CAMPAGNOLI, M. A. (coord.) (2023). Destellos de una biopolítica afirmativa: andar y desandar las violencias contemporáneas. Buenos Aires: Biblos.

Destellos de una biopolítica afirmativa: andar y desandar las violencias contemporáneas, coordinado por Mabel A. Campagnoli, libro colectivo en el cual muchas voces convergen en un recorrido por los efectos que las violencias contemporáneas generan en los cuerpos y subjetividades. Cada uno de los siete capítulos nos abre posibles derivas, figuraciones y resistencias a las tecnologías de dominación y a las lógicas de productividad capitalistas moderno- coloniales que fijan a los seres humanos como sujetos y a los demás seres vivos como meros recursos naturales. Se estructura en tres partes; “Derivas contemporáneas de la biopolítica”, dónde se ubica el primer capítulo, tomará como base la noción vio-política la cual clarifica la inescindible relación de vida, política y violencia. “La resistencia en los cuerpos, las subjetividades y sus creaciones”, conformada por los capítulos dos a cuatro, analiza las formas biopolíticas de la violencia en prácticas culturales situadas y sus posibles desbordes; por último, “Nuevas ontologías”, constituida por los restantes tres capítulos, da cuenta de producciones corporales e identitarias que nos invitan a repensar otros y nuevos paradigmas.

El capítulo uno “Vio-política. Formas biopolíticas de la violencia”, único artículo de la primera parte “Derivas contemporáneas de la biopolítica” y escrito por Mabel A. Campagnoli, toma como eje el concepto vio-política con el objetivo de dar cuenta cómo la violencia y la vida están continuamente imbricadas. La vida es violencia no necesariamente destructiva; se centrará en su dimensión afirmativa en tanto persistencia de la fuerza de la vida. La violencia y la biopolítica están enlazadas, la noción foucaultiana que refiere a la serie de políticas y tecnologías desplegadas a partir del siglo XIX que tienen a la vida biológica de las personas como foco marca cómo, de forma paradójica, estas también producen con intensidad inusitada la muerte. En la modernidad y con la constitución de los Estados nación la estructura social se organiza a partir de la institucionalización, represión y utilización de la violencia, la cual adquiere dimensiones simbólicas que la edulcoran a la vez que su forma cruenta se intensifica. La autora analizará y problematizará las tramas de dominaciones coloniales, capitalistas y patriarcales y sus intersecciones en tanto conformadoras de la violencia estructural que permiten comprender aquellos vínculos de poder en donde se despliega la biopolítica. Se detendrá tanto en los aspectos explícitos como implícitos de la violencia y sus formas negativas. El capítulo busca tematizar la violencia desde el marco del biopoder para reflexionar sobre la problemática de su legitimidad, simpatizando con la violencia defensiva y revolucionaria y sus apropiaciones que jueguen “a favor de los pequeños”.

El capítulo dos “Verificación del sexo en el deporte: una lectura sexopolítica y descolonial” escrito por Dolores Pezzani, da inicio a la parte II del libro “La resistencia en los cuerpos, las subjetividades y sus creaciones”. El capítulo se propone, partiendo de la lectura crítica de Paul B. Preciado realizada desde Latinoamérica, una articulación positiva con la filosofía descolonial. En las pruebas de verificación del sexo en el deporte convergen ambas dimensiones de análisis, sexopolítica y descolonialidad; en tanto implican una perpetuación de las categorías del Norte sobre la realidad del Sur, consolidando la imposición del género operada en la colonialidad. Desandar la noción binaria del género en estas pruebas, mediante el análisis de Preciado, contribuye a desandar la colonialidad; el análisis sexopolítico nos permite clarificar los supuestos sobre los cuales se sostienen y legitiman esas pruebas como a su vez mostrar los problemas teóricos que se derivan. La verificación del sexo en el deporte se encuentra destinada al fracaso desde el momento en el que, presuponiendo una ventaja masculina debido a la presencia de la testosterona, utiliza como referencia la medición hormonal cuando este aspecto, lejos de otorgarnos certezas dicotómicas, nos entrega meramente grados de diferencia. A su vez propondrá una renovación de los criterios de clasificación como también se preguntará si es qué acaso es necesario alguno, ¿la mujer deportista es efectivamente inferior al hombre deportista? ¿De qué necesita ser protegida?

El capítulo tres “Hacia un coro de voces feministas antirracistas: temporalidad y resistencia al lenguaje de odio” escrito por Julieta Maiarú, analiza el funcionamiento del lenguaje de odio en tanto lenguaje performativo que toma su potencialidad de su repetición en el tiempo, se nos presenta en tanto historización condensada en la cual el/ la emisor/a cita una convención uniéndose a un “coro”. A su vez, Maiarú nos expone posibles formas de resistencia, desde la apropiación del significante transformando el significado peyorativo en legítimo hasta, siguiendo a Audre Lorde, el nombrar lo que no tiene nombre para poder convertirlo en objeto de pensamiento. La construcción de un coro de voces feministas funcionaría como un espacio de confluencia de voces de personas relegadas de la visibilidad, que permita recuperar la polifonía que denuncia el racismo y el sexismo interrumpiendo las narrativas hegemónicas; un coro de voces que traiga al presente las del pasado reactualizando sus reclamos. El insulto racial funciona por su repetición que intenta someter al individuo a un lugar subordinado; en contraposición, los discursos contrahegemónicos señalan que no existe una identidad oprimida sustancial, buscan la propagación de diferentes significantes y significados y ponen en marcha nuevas superficies de identificación subjetivizadoras.

El capítulo cuatro “La escucha en la música y más allá: cuerpos, violencias y resistencias” escrito por Luciana Szeinfeld, problematiza la ausencia del cuerpo y el papel de la escucha en los marcos epistemológicos musicales tradicionales, los cuales aún hoy estructuran nuestra relación con la música. Estos se construyen en torno a la noción de obra, tradicionalmente entendida como producto de las intenciones del compositor (europeo y masculino), la cual pone el acento no en los sonidos en sí mismos, sino en la estructura y las relaciones internas entre ellos. Frente a esta concepción canónica la autora se pregunta por el lugar que ha ocupado la escucha en la tradición, siempre entendida como objetiva, impersonal y racional, una escucha sin cuerpo y necesariamente eurocéntrica, que dificulta la audición de músicas con otras características. Retomando los estudios sobre la auralidad el artículo evidencia cómo las diversas prácticas de escucha inciden en la conformación de las expresiones auditivas válidas, en qué entidades poseen una voz y cuáles son entendidas como humanos. En este sentido, Szeinfeld recupera la práctica de las músicas afrocaribeñas en tanto cuestionan la tradición moderna occidental y desafían las categorías teorizadas al otorgarle una fuerte presencia a la corporalidad y la interpretación. La autora nos invita a practicar otra escucha que tenga a las músicas mulatas como resistencia; atender la dimensión política de la escucha y profundizar en la pregunta de qué habilitan o silencian sus distintos modos.

El siguiente capítulo, “Notas sobre la diferencia sexual: entre el feminismo y el psicoanálisis lacaniano” da inicio a la tercera y última parte, “Nuevas ontologías”. Escrito por Sol I. Peláez, nos presenta su análisis de la diferencia sexual a través de las concepciones de algunas vertientes del psicoanálisis lacaniano. Expondrá cómo ha sido criticada la diferencia sexual por pensadores feministas debido a su aparente lógica binaria y androcéntrica, para luego esclarecer la manera en la que interviene en la discusión el psicoanálisis lacaniano en intersección con algunas corrientes del feminismo. De esta manera nos señala cómo el concepto de diferencia sexual rompe con el binarismo a través de la radicalización de la tesis de Lacan de que la relación sexual no existe; no hay una relación lógica que vincule los sexos. La sexuación no se determina por los órganos, sino por una experiencia de subjetivación no simétrica que nunca termina en una relación lógica con el otro (sexo). La imposibilidad de dar sentido a la relación entre los sexos implica que estos no están conectados por una lógica binaria oposicional en la cual uno se subordina al otro. La diferencia sexual no funda una bipolaridad ni biológica ni cultural ni filosófica, sino que quiebra toda lógica opuesta entre ambos sexos. La autora rescata una posición feminista que permita identificaciones que no aspiren a la totalidad, que no aspiren a suturar la falta que implica la diferencia sexual; las identidades no pueden pretenden definir conjuntos homogéneos, sino siempre singulares. Su posición feminista “(…) crea identidades al tiempo que las desfonda, orbita en las fallas de nuestro goce y nuestra diferencia sexual” (Peláez, 2023, p. 170).

El capítulo seis “El antifundacionalismo escotomizado de Luce Irigaray: los equívocos de la diferencia y la potencia de la materia” escrito por Ariel Martínez busca acercarnos al pensamiento de la lingüista, filósofa y feminista resignificando su noción de diferencia sexual y dando cuenta cómo las críticas que la han calificado bajo el rótulo de esencialista son producto de una mala lectura que deja de lado los aspectos ontológicos a los que esa noción refiere. Esta crítica sólo es posible si leemos su pensamiento atrapades en la oposición esencialismo- construccionismo. Pese a que la filósofa recurre a la anatomía es también crítica del pensamiento occidental que define a lo femenino como vacío, ausencia o complemento en relación al falo. Está comprometida con la producción simbólica de lo femenino, y, señala Martínez, si llama sexual a la diferencia lo hace para disputar en el orden de lo simbólico las consecuencias materiales de quienes son inferiorizadas debido a su anatomía. El artículo busca poner en valor la complejidad del pensamiento de Irigaray y su noción de diferencia sexual en sus dimensiones ontológicas, no empíricas.

El último capítulo del libro “Desprendimiento onto-epistémico: figuraciones hacia un paradigma otro”, está escrito por Malen A. Calderón Fourmont. Basándose en un enfoque decolonial nos invita a repensar la episteme que ubica y clasifica a los distintos cuerpos y vidas en más o menos valiosos. El trabajo se enmarca en torno a la noción communitas de Roberto Espósito y el idea butleriano de vidas plausibles de ser lloradas, buscando hacer visible la relación intrínseca entre vida, poder y política. Su enfoque decolonial implica una esperanza sobre la construcción de presentes-futuros horizontales, solidarios, responsables y con memoria, a partir de una mirada crítica sobre los saberes y las prácticas coloniales. La pregunta no es cómo ampliar los relatos y paradigmas ya existentes, necesariamente excluyentes en tanto sostienen diferencias raciales y sexuales; sino cómo producir nuevas normas que permitan regímenes de inteligibilidad más abiertos y flexibles a las normas de reconocimiento que habilitan. Ir hacia un paradigma otro, no necesariamente nuevo, sino disruptivo, instaurar una biopolítica ya no negativa, sino afirmativa. Nos presenta la liberación y absolución de Higui, lesbiana masculina que fue encarcelada producto de su defensa de un intento de violación grupal correctiva, en tanto figuración hacia un posible paradigma otro que nos permite comprender y defender nuestros cuerpos colectivos como legítimos, vivibles y defendibles. Calderón Fourmont (2023, p. 225) sostiene que “(…) los ataques y las agresiones a Higui son políticos, nos competen a todas y a todos, tienen que ver con ella y tienen que ver con la cotidianidad que los permite, de la que emergen (…)”, nos invita a buscar maneras de corrernos de los paradigmas que estructuran esta cotidianidad, conformando futuros presentes más habitables.

El libro presentado transita en derredor a las violencias existentes que estructuran el capitalismo moderno colonial en el que nos hayamos inmerses y cómo estas han buscado moldear nuestros cuerpos y subjetividades. Pero también nos acerca otras posibilidades, otras maneras de pensar y habitar esta realidad; posibles destellos de una biopolítica afirmativa, donde las identidades no queden estáticas bajo categorías raciales y sexuales. Posibles resistencias a partir de las cuales podemos atisbar otras ontologías, dirigirnos hacia otros paradigmas donde quepamos todes.

Referencias bibliográficas:

Campagnoli, M. A. (coord.). (2023). Destellos de una biopolítica afirmativa: andar y desandar las violencias contemporáneas. Buenos Aires: Biblos.

Milena Koyra

(Universidad Nacional de La Plata)