Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 98 (2026), pp. 200-202

ISSN: 1989-4651 (electrónico)

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ESQUIROL, J. M. (2024), La escuela del alma. De la forma de educar a la forma de vivir. Barcelona: Acantilado.

El profesor y filósofo catalán Josep Maria Esquirol, de la Universitat de Barcelona, amplía y profundiza en su propuesta filosófica, conocida como Filosofía de la Proximidad, en su obra más reciente, La escuela del alma. De la forma de educar a la forma de vivir (2024). Este libro se inscribe en una trayectoria consolidada por obras previas como La resistencia íntima (2015), La penúltima bondad (2018) y Humano, más humano (2021), todas publicadas por la editorial Acantilado y traducidas a diversos idiomas. Si bien se podría categorizar como una reflexión filosófica sobre la educación, Esquirol va mucho más allá de esta etiqueta, ofreciendo un texto que profundiza en el acto de educar como un modo de habitar y transformar la vida. Desde el primer momento, el lector reconoce en la FP de Esquirol un trasfondo de atención a los detalles del vivir, una finura en el pensamiento y en el amor, y una valoración de la experiencia como riqueza inagotable. En esta obra, el autor retoma su característico talento para decir las cosas con claridad y belleza, combinando paciencia ante la inquietud de la cultura contemporánea con una tenacidad admirable para resistir sus impulsos más caóticos. Esquirol sabe ver y rescatar lo olvidado, devolviéndonos una mirada renovada sobre aquello que realmente importa.

Es que vivimos en una cultura que ensalza el progreso, la innovación, la economización y los beneficios como valores supremos. Este paradigma se filtra inevitablemente en el ámbito educativo, que, según el profesor Esquirol, debería poseer su propio mundo y lógica. La consecuencia de esta invasión es la aceptación acrítica de que una educación basada en mejoras tecnológicas y burocráticas es una educación ideal: anti-problemática, eficiente, plana y obvia. Sin embargo, La escuela del alma se presenta como un antídoto contra esta visión reduccionista. El filósofo de Barcelona denuncia cómo la educación contemporánea corre el riesgo de falsificar y corromper el impulso genuino de enseñar y aprender. Frente a esto, su libro se erige como una firme resistencia, un contrapunto que busca devolver a la educación su sentido fundamental. Aquí, el acto de educar no es un mero ejercicio técnico ni una simple transmisión de conocimientos; es un compromiso vital con la formación de las personas y con la configuración de un mundo más humano, es decir, con mayor claridad y calidez.

El libro está compuesto por diez capítulos, precedidos de unas Notas Introductorias que combinan aforismos y argumentos. En estas páginas iniciales, Esquirol sienta las bases de su propuesta filosófica, articulando su pensamiento en torno a su idea fundante: “Con la clave de la proximidad he ido desplegando una comprensión de la situación fundamental” (p. 14). Estas notas preparan al lector para un texto que, en última instancia, se presenta como una acción de gracias por la vida de enseñanza y estudio, tanto en su dimensión de recibir como de dar. El cuerpo del libro está estructurado en torno a nueve bienaventuranzas filosóficas, que culminan en un capítulo final titulado El último día de curso. Estas bienaventuranzas no son simples máximas ni reglas, sino profundos ejercicios de meditación sobre la vida, el mundo, la formación y el espíritu. A continuación, se presenta una explicación de las mismas.

“Felices los que van a la escuela: cruzarán el umbral” (p. 21): Esquirol abre su reflexión sobre la escuela como un lugar donde se da la resistencia por medio de la altertopía. En este espacio, la comunidad educativa no se somete pasivamente a la cultura dominante, sino que la reconfigura, desafiando aquello que intenta imponer su dominio. “Felices los que encuentran buenos maestros: se acordarán de ellos” (p. 38): el maestro, para Esquirol, es un testigo vivo de la verdad, un regalo inmerecido que confirma el buen camino y deja una huella imborrable en sus estudiantes. Este encuentro es una experiencia de gracia, donde la confianza y el agradecimiento se convierten en pilares fundamentales. “Felices los que van contra el destino: ya son origen” (p. 52): Esta bienaventuranza celebra la capacidad humana de ser inicio, de transformar la realidad y de ayudar a otros a encontrar su propio camino. La libertad, la creatividad y la generosidad se presentan aquí como cualidades esenciales de la educación. “Felices los que prestan atención: entrenan su espíritu para recibir” (p. 65): La atención, según el filósofo de Barcelona, es un acto de resistencia frente a la dispersión y el caos del mundo actual. Este capítulo recupera ideas de La mirada atenta (2006), explorando cómo la enseñanza puede orientar la mirada hacia lo esencial. “Felices los que se hacen amigos de trazos, números, palabras o gestos: serán fuente” (p. 83): la educación es aquí entendida como un proceso de formación y generación de formas. Las buenas formas, como las palabras, los gestos y los números, generan armonía y sentido, mientras que la indiferencia y el mal conducen a la deformidad. “Felices los que no hacen mal a los demás: hacen ya mucho bien” (p. 107): este capítulo resalta la importancia de la bondad y la calidez en la educación. Enseñar a no dañar, a colaborar y a comprender al otro es, para Esquirol, una de las tareas fundamentales de la escuela. “Felices los que, al cabo de los años, siguen atentos al mundo: verán el camino” (p. 122): la educación, señala Esquirol, es un proceso continuo que nunca termina. La madurez espiritual y la sabiduría son metas que requieren constancia y dedicación a lo largo de toda la vida. “Felices los que siguen atentos a la vida: verán la manera” (p. 142): la vida es un arte que requiere cuidado, paciencia y recogimiento. Este capítulo explora cómo la educación puede ayudarnos a encontrar la manera correcta de vivir, cultivando el reposo y el testimonio como virtudes esenciales. “Felices los que vuelven a la escuela del alma: tomarán apuntes en una libreta” (p. 153): este capítulo, se puede decir, es la síntesis aforística de toda la filosofía de la proximidad. Se empata, perfectamente, con el capítulo de cierre titulado El último día de curso. Aquí, el filósofo catalán enuncia la orden filosófica del amor en la que se hace eco de la solidaridad de los conmovidos de Patocka, es decir, esta orden es de todos aquellos que “se sienten tocados, juntos en la intemperie, y alerta para no dejarse llevar por los poderes alienadores ni por las confortables seducciones del momento” (p. 175). Esta orden mantiene como mejor forma de vida o como manera de vivir el camino del amor que es claridad y calidez.

En última instancia, La escuela del alma no es solo un libro sobre educación; es un llamado a revalorizar el acto de enseñar como una tarea profundamente humana y espiritual. Frente al empobrecimiento de la experiencia causado por la tecnificación y la burocratización, el profesor Esquirol aboga por una educación que cultive la atención, la bondad y la proximidad. La escuela no debe ser un espacio que simplemente se adapte a las exigencias del mundo contemporáneo; al contrario, debe configurarse como un lugar donde las personas puedan florecer y encontrar sentido. Por eso, la educación, según Esquirol, no se mide por resultados inmediatos ni por estadísticas, sino por su capacidad de trans-formar vidas, de encender pequeñas llamas de esperanza y de paz en un mundo desorientado.

Así las cosas, La escuela del alma es un canto de gratitud. El filósofo catalán nos recuerda que educar no es simplemente transmitir conocimientos, sino cuidar de las almas y construir comunidades de sentido. En un tiempo caracterizado por la aceleración y la fragmentación, su obra se erige como un faro que ilumina el camino hacia una educación que nos llena de esperanza, porque la forma de educar no florece sino con el tiempo: comienza, es y espera en el tiempo, porque poco a poco genera un tejido invisible que, a pesar de todo, va construyendo, con humilde y secreta laboriosidad, la forma de vivir.

Miguel Ángel Romero Ramírez

miguel.romero@usa.edu.co

(Universidad Sergio Arboleda)