Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 98 (2026), pp. 202-206
ISSN: 1989-4651 (electrónico)
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BARAD, K. (2023). Cuestión de materia. Trans/Materia/realidades y performatividad queer de la naturaleza. Barcelona: Holobionte Ediciones.
Karen Barad es una pensadora polifacética y multidisciplinaria, profesora en la Universidad de California, celebre por la publicación en el 2007 del ensayo Meeting the universe halfway. Quantum physics and the entanglement of matter and meaning (2007) en el que presenta su propuesta del realismo agencial. El carácter disruptivo de su obra la ha llevado a ser reconocida como una de las voces más influyentes en el campo de los Estudios Feministas de la Ciencia y la Tecnología, destacándose por su enfoque integrador en la intersección de la física cuántica, la teoría feminista y el posthumanismo. En un contexto de creciente radicalización de las tesis deterministas, su trabajo desafía las categorías tradicionales que han dominado el pensamiento occidental, problematizando las relaciones entre materia, significado y poder, y proponiendo un nuevo concepto de materia, alejado de la visión tradicional que la concibe como un mero soporte pasivo y carente de agencia. En este sentido, se la considera una autora fundamental dentro de lo que se ha denominado el “giro material”, promovido por los nuevos materialismos filosóficos.
Con la etiqueta de nuevos materialismos nos referimos a un conjunto de teorías y enfoques emergentes desde principios del siglo XXI que buscan repensar la relación entre materia y vida. Pese al carácter aún incipiente de sus desarrollos y la enorme divergencia entre sus propuestas, todas ellas comparten el objetivo de restaurar un concepto de materia no como algo únicamente tangible y estrictamente físico, sino como un proceso dinámico y dotado de agencia. Estas propuestas han surgido en las últimas décadas en respuesta a los enfoques filosóficos dominantes durante el siglo XX, como el giro lingüístico o el constructivismo, que desatendían el papel de lo material frente a una concepción lingüística y discursiva de las prácticas sociales. Además, suponen un desafío al antropocentrismo, ya que proponen desplazar las agencias humanas del centro del debate, reconociendo la importancia de otras entidades —humanas y no humanas, vivas e inertes— en la configuración de la realidad. En este sentido, abogan por una ontoepistemología más inclusiva, que reconozca tanto lo discursivo como lo material como entidades en co-constitución.
Con una clara inclinación postestructuralista, en su escritura se difractan—utilizando la propia metáfora que Barad emplea para oponer su metodología a la reflexión—las ideas de autoras como Judith Butler, Donna Haraway, Jane Bennett o Jacques Derrida para realizar una indagación no sobre los objetos materiales como entidades particulares, sino sobre el propio proceso de materialización de las diferencias que importan (matter that matters), que a la postre, produce unas cosas como distintas de otras.
En su sistema, Barad recurre a una interpretación particular de la filosofía de la física de Bohr, presentada en Meeting the universe halfway, para argumentar que las cosas no tienen fronteras o propiedades determinadas de forma inherente. Es decir, no poseen constitutivamente la sustancia y atributos predicados por las ontologías clásicas orientadas a objetos. En cambio, sostiene que la intervención del lenguaje, la medición y los sistemas de observación desempeñan funciones clave en la configuración de los fenómenos tal como se nos presentan. Es en este sentido en el que las propiedades o atributos solo adquieren valor real en el proceso de medición/observación y siempre dentro del contexto de una situación específica. Por tanto, su realidad y valor concreto se adquieren precisamente en el conjunto del dispositivo ideado para realizar dicha práctica—medir y observar—en lo que Barad denomina corte agencial. Con este término, Barad se refiere al instante preciso y a la práctica concreta mediante los cuales se establecen las distinciones entre los componentes del fenómeno observado, incluyendo tanto la distinción entre observador y observado, como las prioridades o intenciones de la observación, que se determinan externamente a la práctica social. Se trata, por tanto, de una decisión ontoepistémica que crea límites temporales, bordes y fronteras como una configuración material específica del mundo.
En consonancia con estas ideas, Barad defiende una ontología en la que las relaciones no dependen de la existencia de objetos particulares o relata. Es decir, las relaciones son entidades fundamentales que no requieren la existencia de entidades discretas para definirse. A diferencia de las ontologías orientadas a objetos, en las que estos últimos son los elementos primarios de la realidad y las relaciones son secundarias, derivadas de la existencia de dichos objetos, Barad es una firme defensora de una ontología relacional sin relata, en la que esta relación se invierte. Es decir, las entidades no preexisten a sus interacciones, sino que emergen a través de ellas. Frente a la interacción entre objetos preexistentes, Barad introduce las intra-acciones, que materializan las propiedades y límites de las entidades a través de sus relaciones.
Estas ideas, que nos recuerdan en algunos aspectos a las ontologías procesuales a la Whitehead, desafían nuestras intuiciones cotidianas y la mayor parte de la tradición filosófica occidental, acostumbrada a pensar en términos de objetos individuales y sus interacciones. Sin embargo, proporciona un punto de vista interesante y potencialmente poderosa para comprender la naturaleza desde una perspectiva posthumanista, y especialmente ante algunos retos tecnocientíficos contemporáneos como el problema de la materialidad del cuerpo, la hibridación entre lo humano y lo maquínico o la frontera entre lo animado y lo inanimado.
Cuestión de Materia, editado por Holobionte Ediciones, presenta algunos de estos debates, haciendo accesible por primera vez para los lectores hispanohablantes una selección de sus trabajos más destacados. Esta edición favorece la circulación de un pensamiento que no solo cuestiona las estructuras tradicionales de poder y conocimiento, sino que también está dotado de un fuerte compromiso ético frente a las crisis ecológicas y sociales de nuestro tiempo.
En sesenta y seis páginas se presentan cuatro textos publicados por Barad entre los años 2003 y 2015. La selección y traducción están a cargo de Silvana Vetö, quien afronta con gran éxito tanto el reto de identificar los textos que mejor reflejan la complejidad y los matices del pensamiento de Barad, como las dificultades de traducir a una filósofa que acuña sus propios conceptos teóricos a partir de juegos de palabras y deslizamientos semánticos.
El primer capítulo, “Intraacciones”, es una entrevista realizada por Adam Kleinmann a Barad para la revista Mousse Magazine. En ella se discuten de forma accesible algunos aspectos del realismo agencial, con especial énfasis en las cuestiones éticas y políticas de la ciencia, problematizando la idea de práctica científica y destacando la dimensión social de los procesos de producción de conocimiento. En esta entrevista, Barad explica que materia y significado están profundamente entrelazados y que la realidad no preexiste a la observación, sino que emerge a través de prácticas materiales y discursivas. Además, en línea con otras epistemólogas feministas como Helen Longino y Sandra Harding, subraya que la ciencia no es una práctica neutral, sino que está atravesada por múltiples relaciones de poder con importantes implicaciones éticas. Las prácticas científicas no solo descubren la verdad, sino que también la configuran, por lo que no podemos separar el conocimiento científico de las relaciones materiales y discursivas que lo constituyen. Las decisiones sobre qué estudiar, cómo medir o recoger los datos, y cómo interpretar los resultados impactan directamente en la configuración del mundo material.
El segundo capítulo, “Sobre el tocar: el inhumano que, entonces, soy”, fue publicado en Differences: A Journal of Feminist Cultural Studies. En este texto, Barad articula una fenomenología posthumanista del sentido del tacto y de la sensibilidad, que cuestiona las nociones tradicionales sobre el cuerpo y la identidad. En su argumentación, defiende que el contacto físico excede el simple encuentro entre dos entidades separadas y previamente formadas, y que su explicación no puede reducirse a esto, ya que el contacto implica transformaciones mutuas y continuas que involucran la co-constitución de seres y materia. Nos constituimos como entidades en la medida en que afectar y ser afectados suponen la materialización de una identidad —un corte agencial. Así, en lugar de pensar en el tocar como algo que define límites entre lo que toca y lo que es tocado, lo humano y lo inhumano, Barad pone el énfasis en el proceso en el que las entidades se transforman mutuamente. Esta perspectiva difumina las distinciones binarias clásicas, como sujeto/objeto y humano/inhumano, proponiendo un modo de entender la naturaleza como un entrelazamiento continuo de materia y significado. Además, sugiere que reconocer esta co-constitución mutua entre lo humano y lo inhumano conlleva una reformulación de las prioridades éticas.
El tercer capítulo es el artículo “Performatividad posthumanista: hacia una comprensión de cómo la materia llega a ser/llega a importar”, que fue publicado en Signs: Journal of Women in Culture and Society. Este es uno de los artículos más leídos de Karen Barad, donde se explican de manera accesible las ideas fundamentales del realismo agencial, presentadas originalmente en su libro Meeting the Universe Halfway, y también se aclaran algunos malentendidos. Además de abordar el concepto clave de intra-acción, Barad desarrolla su propuesta performativa y posthumanista para comprender la dimensión productiva de las prácticas sociales, incluidas las prácticas científicas, argumentando que no solo los humanos actúan o tienen agencia, sino que la materia misma participa activamente en los actos performativos.
Este enfoque, en consonancia con el concepto de actante de la Teoría del Actor-Red (ANT) de Bruno Latour, se distancia del uso que otras filósofas, como Judith Butler, hacen de la performatividad, ampliando su alcance más allá del ámbito humano y reconociendo la agencialidad de las entidades no humanas.
Uno de los aspectos más importantes de este artículo es que desarrolla la crítica de Barad al representacionalismo. Barad argumenta que hemos otorgado demasiado poder al lenguaje, mencionando como ejemplos de ello el giro lingüístico, el giro semiótico y el giro cultural, entre otros. Insiste en que, en cada uno de estos giros, todo ha sido transformado en un asunto de lenguaje o representación cultural, dejando de lado la materia. Sin embargo, Barad no busca descartar el lenguaje en favor de la materia, sino rescatar a la materia del lugar secundario al que ha sido relegada y cuestionar por qué el lenguaje ha llegado a considerarse más confiable que la materia.
En su propuesta, Barad cuestiona la creencia representacionalista en el poder de las palabras para representar todo lo preexistente, y lo ve como una impugnación de los hábitos mentales no examinados, que otorgan al lenguaje y otras formas de representación el poder de determinar nuestras ontologías. Así, desplaza el centro de la discusión de las cuestiones de correspondencia entre descripciones y realidad (por ejemplo, “¿reflejan nuestras teorías científicas adecuadamente la naturaleza del cuerpo?”) a cuestiones de prácticas y acciones. En su particular comprensión de la performatividad y su funcionamiento, Barad sostiene que no se trata de representar el mundo, sino de involucrarse activamente en su producción.
Ya por último, el cuarto capítulo recoge el artículo Transmaterialidades: trans/materia/realidades e imaginaciones políticas queer, publicado en GLQ: A Journal of Lesbian and Gay Studies. En este texto, Barad aborda la intersección entre la teoría queer y el materialismo posthumanista a través del diálogo con el Frankenstein de Mary Shelley y un ensayo de la académica trans Susan Stryker My Words to Victor Frankenstein above the Village of Chamounix. A través de este diálogo, Barad analiza la potencialidad política y epistemológica de la figura del monstruo como metáfora crítica. En su análisis, y a través de Frankenstein, la materialidad de los cuerpos se revela no como algo dado o estático, sino como un devenir constante que atraviesa tanto la distancia que separa lo humano y lo no humano, como lo orgánico y lo inorgánico.
Además, siguiendo a Stryker, lo monstruoso es reclamado como una poderosa ficción política, encarnada en la figura de una criatura iracunda capaz de generar estrategias de resistencia y autovalidación. Desde esta perspectiva, la monstruosidad puede ser entendida como una forma de subvertir los límites impuestos por el binarismo de género. Transmaterialidades desarrolla así una crítica al esencialismo, reivindicando la identidad como un proceso abierto al acontecimiento que no puede ser reducido a esquemas binarios. Las imaginaciones políticas queer se invocan, entonces, como estrategias para desafiar la razón y ofrecer una forma más amplia de entender la ontología y la política de la materialidad.
En conclusión, Cuestión de materia ofrece a los lectores hispanohablantes una excelente selección de los trabajos de Karen Barad sobre la interrelación entre materia, agencia y significado. Este libro facilita el acceso a los complejos debates del realismo agencial y los nuevos materialismos, al tiempo que subraya la relevancia contemporánea de las discusiones sobre ciencia, política y género. De este modo, constituye una contribución fundamental para quienes deseen adentrarse en los intricados debates posthumanistas, explorando sus dimensiones éticas, políticas y ontoepistemológicas. La obra de Barad, como demuestra esta recopilación, es una herramienta sumamente fértil para desafiar las fronteras del pensamiento occidental mediante la crítica queer, e introducirse en las ontologías relacionales y afectivas.
Enrique Latorre Ruiz
Universidad de Santiago de Compostela