Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 98 (2026), pp. 197-199

ISSN: 1989-4651 (electrónico)

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MARRODÁN, J. (2024), Albert Camus. La nostalgia de Dios. Madrid: Ediciones Rialp.

Albert Camus es un autor complejo y contradictorio, siendo la figura divina una de las cuestiones más problemáticas de su pensamiento. En La peste su protagonista entiende «que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado» (Camus, 2007, 122), y en El mito de Sísifo sostiene que «El hombre absurdo no puede admitir sino una moral, la que no se separa de Dios, la que se dicta. Pero vive justamente fuera de ese Dios» (Camus, 2019, 90). De esta manera, se muestra cómo, si bien el argelino se ve incapaz de rechazar la divinidad en su totalidad, tampoco es capaz de comprometerse hasta las últimas consecuencias de su existencia.

Para Javier Marrodán, toda la obra camusiana se ve imbuida en la pregunta sobre las posibilidades de la existencia de Dios, pues «pidió respuestas al único que podía dárselas» (Marrodán, 2024, 333) a pesar de no encontrar más que silencio. De esta manera, todo el libro se basa en un análisis del anhelo de trascendencia que recorre la filosofía del premio nobel. Para realizar esta tarea, su autor divide esta obra en tres grandes apartados: una extensa biografía de Albert Camus, el análisis de la mayoría de sus obras y una defensa de la necesidad de valores trascendentales en el planteamiento camusiano.

La biografía que se encuentra en este libro muestra todos los momentos cruciales de la vida del escritor. Desde su adolescencia en Argel y el despertar de la tuberculosis que le acompañaría toda su vida hasta la entrega del Premio Nobel y el trágico accidente que pocos años después acabaría con su vida. Además, en este apartado el autor decide centrarse en los diferentes episodios de la historia de Camus que pusieron en primer plano el problema de Dios en el pensamiento del autor. Cabe destacar aquí la tesina que escribió sobre San Agustín, el descubrimiento de Simone Weil o las conversaciones con el reverendo Howard Mumma. Asimismo, el estudio de la biografía del autor se delata extensa y minuciosa al comprender los principales debates acerca de ciertos momentos vitales como la posibilidad de que las conversaciones con el reverendo no trascurrieran del modo que el mismo cuenta. No obstante, Javier Marrodán decide acreditarles veracidad al asumir que la mayoría de los errores destacados en la obra de Howard Mumma se deben al paso del tiempo desde que se producen hasta el momento en el que fueron escritas y publicadas.

Por otro lado, es interesante mencionar el profuso estudio que realiza el autor sobre la evolución de su pensamiento en relación con su afiliación con el Partido Comunista Francés. No se trata solo de que tras la publicación de El hombre rebelde fuese necesario que Camus abandonase dicho partido sino que es una clara muestra del compromiso del argelino con sus principios. Camus se niega a admitir la justificación de ningún asesinato pues asume que «El progreso es parecido a aquel horrible dios pagano que sólo quería beber el néctar en el cráneo de los enemigos muertos» (Camus, 2022, 266) y si para culminar la revolución se debe dar muerte, ya desde su concepción es una revolución corrupta.

Con respecto a la segunda de las partes que compone este libro, es pertinente destacar que el autor realiza un concienzudo análisis de la mayoría de las obras centrándose en la figura de Dios en estas. No obstante, Javier Marrodán decide no examinar sus dos primeras obras (Bodas y El revés y el derecho) al ser «dos composiciones juveniles de carácter biográfico y paisajístico que apuntan algunos temas nucleares, pero que aún están lejos del alcance y la profundidad de los libros posteriores» (Marrodán, 2024, 122).

El estudio sobre El hombre rebelde orbita en cierta medida en la similitud en la figura de Cristo con la de un hombre rebelde pues: «Cristo ha venido a resolver dos problemas principales, el mal y la muerte, que son precisamente los problemas de los rebeldes» (Camus, 2022, 55) y a su vez reivindica su figura a través de la noche en el Gólgota, pue si Cristo no hubiera desesperado, si no hubiera él mismo dudado del abandono de Dios, nunca podría haber sido verdaderamente un hombre. Así pues, el autor intenta mostrar durante toda la obra la estrecha relación entre la religión católica y el pensamiento camusiano llegando a admitir que Camus fue «un hombre que no cesó de amar todo lo que de sagrado hay en el mundo» (Marrodán, 2024, 97) a pesar de la constancia con la que el premio nobel se aleja de Dios en El mito de Sísifo.

En el último apartado del libro, Javier Marrodán busca entender la figura de Albert Camus en conexión con San Demetrio y su leyenda (figura que él mismo incorpora en Los justos). El santo tenía una cita con Dios en la estepa, sin embargo, este se retrasó a su encuentro al parar a socorrer a un campesino cuyo carromato se había quedado atascado en el fango. Una vez que llego al lugar acordado, Dios ya no se encontraba allí. Por lo tanto, el autor defiende que Camus «renunció a saber porque le apremiaba el hacer, no tuvo tiempo de pensar porque consideraba más urgente actuar» (Marrodán, 2024, 290). Así pues, si como se explicó antes Camus pidió respuestas a Dios, el argelino no tuvo nunca tiempo para pararse a escuchar la explicación divina. Su «corazón inquieto» no podía sino actuar a favor de los apestados, ayudar a los desamparados, pues no es «posible ocuparse de los carros varados en el camino cuando se está pensando en un futuro ideal donde no habrá barro ni carros atascados» (Marrodán, 2024, 290).

Estas mismas ideas se explicitan en El hombre rebelde, donde ya la introducción muestra que la problemática principal de la Europa de posguerra era la de las posibilidades de la actuación sin derivar a una justificación del crimen. Toda la reflexión camusiana está al orden de la actuación: «su preocupación es transformar» (Camus, 2022, 22).

Otro de los puntos en común con el pensamiento cristiano se halla en la reflexión camusiana sobre la maldad, noción que se manifiesta principalmente en La peste (donde además se encuentra uno de los pocos personajes cristianos escritos por Camus, el padre Paneloux). El argelino sostiene que el sufrimiento y las injusticias provienen del propio corazón humano que toma decisiones equivocadas. Marrodán sostiene que, frente a esta idea, Albert Camus está interpretando la condición humana de La Caída desde la perspectiva absurda. De esta manera si el Catecismo recuerda que «el pecado es más bien una falta contra la razón, la verdad y la conciencia recta» (Marrodán, 2024, 313), se puede entender que cuando comenta en El mito de Sísifo que «El absurdo es el pecado sin Dios» (Camus, 2019, 58), Camus está relacionando el absurdo con un mal dado en el error humano de traspasar los límites de la razón al buscar exigencias de claridad en un mundo incapaz de otorgar dichas respuestas.

Cabe a su vez destacar el insaciable compromiso de Albert Camus con las injusticias. En sus diarios personales, el argelino abre la puerta a ciertas ideas cristianas cuando admite que el reino de los cielos llegará el día que la humanidad deje de desgarrarse y amar lo que verdaderamente son. No obstante, esta ciudad de Dios no debe entenderse en un sentido trascedente, frente a Cristo respondiendo «mi reino no es de este mundo», Camus invertirá la expresión para proclamar que «Nuestro reino es de este mundo». Por esta razón, no es de extrañar que asuma la crítica nietzscheana al humanismo como un cristianismo sin figura divina pero con sus mismos errores. Cuando el argelino defiende que el reino del hombre es este mundo, se aleja del humanismo y las frías lógicas que lo recorren para testimoniar a favor de los apestados. Camus se pone del lado del hombre de carne y hueso para alejarse de abstracciones humanistas.

Por lo tanto, el compromiso del rebelde frente a las injusticias humanas busca sus fundamentos en una vida virtuosa que ya el Catecismo describe: «el hombre virtuoso es el que practica libremente el bien». Así pues, si los personajes de La peste pueden entenderse como las grandes figuras rebeldes que Camus narra, la lucha contra la enfermedad se revela como el modo virtuoso para afrontar las carencias del mundo a pesar del rechazo al porvenir. De este modo, el rebelde es virtuoso cuando lucha por su reino.

Por último, el autor concluye la obra con una breve relación entre la novela El hecho extraordinario de Manuel García Morente y el teatro Barioná, hijo del trueno de Sartre y el pensamiento camusiano con el fin de matizar la nostalgia de Dios que el argelino tenía.

En definitiva, este libro desarrolla exhaustivamente el estudio de Albert Camus sobre la figura de Dios. Si bien es cierto que este nunca se declaró como cristiano, es innegable que toda su obra se ve imbuida por la divinidad. Asimismo, para este análisis el autor se sirve de una extensa y actualizada bibliografía que expone al final de cada capítulo, permitiendo al lector no solo encontrar las referencias a las otras obras con facilidad sino que facilita el inicio de este a una propia investigación sobre las ideas de este autor.

Referencias

Camus, A. (2022). El hombre rebelde. Literatura Random House.

Camus, A. (2019). El Mito de Sísifo. Alianza.

Camus, A. (2007). La Peste. Edhasa.

Miguel Fernández Nicasio

(Universidad de Sevilla)