Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 97 (2026), pp. 229-232

ISSN: 1989-4651 (electrónico) 

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WEBER, A. (2017). Matter & Desire. An Erotic Ecology, Vermont, Chelsea Green Publishing.

El autor de Matter & Desire. An Erotic Ecology es Andreas Weber, filósofo, biólogo y escritor. Obtuvo su doctorado bajo la supervisión de Hartmut Böhme en Berlín y Francisco Varela en París con una tesis titulada “La naturaleza como significado. Intento de una teoría semiótica de los seres vivos”. Ha colaborado con publicaciones como GEO, Die Zeit, National Geographic or Greenpeace Magazine. En el 2003 y 2004 fue profesor de la Universidad de Hamburgo y actualmente lo es en la Universidad de las Artes de Berlín.

Autor de numerosas publicaciones, forma parte de la tradición del pensamiento ecológico y filosófico que pretende integrar la percepción y experiencia humana con su entorno, subrayando la inmportancia de los afectos y alejándose de una visión mecanicista de la naturaleza. Ha recibido varios reconocimientos, como la Medalla de oro del Premio Nautilus en Ecología y Medio Ambiente por Matter & Desire.

En esta obra, parte de la realidad ecológica como un sistema de relaciones en el que el erotismo juega un rol intrínseco, al constiruirse como un proceso que incluye tanto el autocuidado como la apertura a los vínculos con las demás partes de la red ecológica. De este modo, se desprende que la autoorganización de todo sistema vivo requiere del apego que genera su interdependencia así como de la práctica de la autonomía.

Precisamente, el propósito de Andreas Weber es tratar de entender, desde nuestra experincia humana, el rol del amor para toda comunidad viva, sea esta un grupo de células o de familias, como característica de las relaciones que comparten y que producen sentido, tanto en su deseo por permanecer en su propio cuerpo de manera efectiva como de desplegarse a través de él.

En consonancia con la perspectiva relacional de su erotismo ecológico, Weber estructura el libro en tres partes: Yo, Tú y Nosotros.

La dedicada al Yo comienza asumiendo que la vida sin contacto no existe. Eros se fundamenta en un acto de alcance físico, sea este mediante una onda de luz, una célula nerviosa o la piel. La realidad se forma a partir del contacto matérico de las partes y facilita las relaciones eróticas, de tal manera que todo anhela estar en relación para generar sentido y sentirse completo en sí mismo. Si bien la dinámica de las interacciones provoca un aumento creciente de la complejidad en nuestro mundo, el sentido aportado por Eros contrarrestra la inevitable entropía asociada a este incremento.

Por otro lado, el ser vivo se tranforma en el contacto con otros. Weber plantea tres dominios de lo erótico: la simbiosis, la comunicación y el metabolismo. La transformaciones producidas en estas tres esferas son consecuencia del contacto, de la penetración o de la conversión. Consecuentemente, la pureza del yo individual no existe sino que se trata de materia organizada de manera compleja con un deseo irresistible de pervivencia y expansión.

Weber apunta que esta tendencia a seguir siendo es lo que diferencia un animal de una máquina. Además, la creatividad de la vida es debida a la muerte de la que parte como materia. El deseo de las cosas por complejidad permite su autoorganización pero esta originalidad no deja de ser la perccepción de finitud de la naturaleza.

La segunda parte, dedicada al Tú, continúa la estela dejada por la transfomración del yo en todo proceso erótico que, inevitablemente, también transforma lo que hay a su alrededor. El roce erótico vincula a las dos partes y nos las deja indiferentes. Ejemplo de esto es la transformación de la Tierra debida a su relación con la Luna, que provoca mareas cambiando su masa y la relación de las partes integrantes de mares y oceános, así como la percepción de sí misma que la Luna puede tener en su movimiento rotatorio debido a la masa terrestre; una y otra se afectan y, en esta afectación, se transforman.

Desde la ecología erótica propuesta por Andreas Weber, sentir es transformar nuestra experiencia debida a la presencia de otro. La conservación de la materia que desea conformarse en vida, transforma su mundo interior y crea sentido a partir de su relación con el mundo exterior. Me parece que propone un ejemplo esclarecedor mediante la alteración del material genético. Actualmente conocemos que las experiencias emocionales pueden provocar alteraciones en el ADN, es decir, que el resultado de mi relación con el “afuera” cambie características “dentro de mí”, y que estas se transmitan a nuestra herencia.

Otro de los aspectos que introduce en el capítulo dedicado a la transformción es la del lenguaje poético. Para este autor, la poesía es la mejor de las herrameintas para la experincia de lo erótico. De modo coeherente con esta premisa, en muchas partes del texto, la narración abandona el tono ensayístico para describir vivencias personales en un estilo lírico. De esta manera, ofrece una perspectiva diferente desde la que pensar y comprender la ecología erótica. La poesia como parte esencial de nuestro comportamiento erótico está ligada a la creatividad intrínseca de nuestro deseo de contnuar vivos, y de la percepción de la muerte como tendencia natural de todo sistema efectivo: la naturaleza aparece en múltiples formas, siendo una de ellas el lenguaje, mediante el cual fundamos realidad vinculando nuestros cuerpos e ideas en el seno de una red ecológica. Al crear lenguaje, objetivamos, organizamos, ordenamos, damos sentido.

En una ecología erótica, la historia de las relaciones supondría rastrear el momento en que la vida emergió. Partiendo de esta consideración, todos nosotros seguimos practicando las relaciones que tuvieron éxito en el pasado. Prueba de ello es el vínculo entre madre y feto. Ambos cuerpos poseen identidades propias pero también forman una combinación simbiótica. Cada uno tiene la capcidad de intercambiar y de mutar gracias a esta mutualidad, actuando por el otro y percibiéndose en su subjetividad. A través de esta distancia y la tensión entre el Yo y el Tú residen los tipos de relación humana y sus desarrollos. Tanto Tú como Yo somos partes involucradas en la relación que conformamos y, para seguir vivos como partícipes saludables de ella, debemos permitir, por medio de una moderación, que la libertad de nuestras autonomías contribuya a un florecimeinto de la totalidad que creamos juntos.

En la tercera y última parte, dedicada al Nosotros, Andreas Weber enfatiza que el valor capital de lo erótico es su gratuidad, pues la reciprocidad es un regalo que la naturaleza no mercantiliza. Considera que todo sistema que se autoorganiza es gracias a nuevas capacidades de las que dispone a cambio de nada. Asimismo, sostiene que lo sagrado está presente en todas las manifestaciones de la realidad, desde las más catastróficas hasta las más generosas, y que hemos de asumir su presencia en todo como en nosotros mismos, teniendo la certeza de que el Eros constituye una fuerza creadora que nos orienta a través de su despliegue en nuestra experiencia.

Para finalizar, propone la designación de materialismo poético para hablar de la actitud erótica de toda red ecológica. La materia que constituye la bioesfera ha de entenderse tanto a través de las leyes naturales como del valor que es otorgado por medio del sentido que el mundo otorga a través de sus relaciones y que explica su autoorganización. Lo poético es el gesto otorgado por Eros que anuncia un deseo y, con él, un acercameinto o una separación para seguir fomrando vida.

Con un lenguaje accesible y un estilo lírico, Andreas Weber propone un pensamiento de lo erótico en la ecología que nos permite una nueva consideración del deseo en el marco del pensamiento complejo. Apoya sus razonamientos en autores de diferentes disciplinas, entre los que se cuentan David Abram por sus estudios en ecopsicología; Stuart Kauffman, quien además de ser un referente en complejidad también trató el tema erótico como fuerza creativa y autoorganizativa en la naturaleza; Sergei L. Rubinstein o Francisco J. Varela, para entender los efectos de nuestra actividad relacional o del autoengendrameinto mutuo, respectivamente; Gregory Bateson, y su concepto de paisaje como red de relaciones… entre otros. Además, también se apoya en otros pensadores como Octavio Paz, Schiller, Hans Jonas o Simone Weill desde los que enteder otras conexiones tales como la poesía o lo divino.

En la lectura encontré dos asuntos que considero pueden ser malinterpretados. El primero es que cuando habla del concepto de Eros de acuerdo a Diotima (personaje femenino del Banquete de Platón) parece atribuirle a ella la teoría de la incompletud y la búsqueda de la otra mitad, cuando esto corresponde al mito del andrógino defendido por Aristófanes en dicho Banquete. El segundo es en el Capítulo VIII, dedicado a la acción de compartir. En él da a entender, apoyándose en la idea de “orden gratuito” de Kauffman, que los procesos de autoorganización se proporcionan desde fuera del sistema o sin inversión de ningún tipo. No obstante, todo aumento de complejidad que se da a través de la flecha del tiempo genera un desorden que requiere inversión de un trabajo para organizarse de un nuevo modo, es decir, que la misma transformación con la que Weber caracteriza la relación erótica se da también en paso de una energía aportada para llevar a cabo una autoorganización efectiva. Comprendo que el autor resalta el valor del regalo como intercambio, pero me parece pertinente resaltar que no es un intercambio por nada, “caído del cielo”, sino que el erotismo hace de intermediario (como el daimon del que sí habla Diotima en el texto platónico) entre lo que hay y lo que se desea.

En definitiva, Matter & Desire. An Erotic Ecology aporta una contribución excelente al pensamiento ecológico, con un enfoque interdisciplinario y una perspectiva necesaria sobre nuestras relaciones naturales. Andreas Weber conecta diferentes argumentos desde los que nos invita a pensar y conversar en torno nuestra percepción sensible, las poéticas que objetivamos y la cultura que conformamos.

Montserrat Sobral Dorado
(UNED)