Los otros catalanes de la Edad Moderna
Raimon Masdéu i Térmens, Centre d’Estudis Demogràfics - Universitat Autònoma de Barcelona
Carles Millàs i Castellví, Centre d’Estudis Demogràfics - Universitat Autònoma de Barcelona
Resumen
Hoy en día, seguimos sin disponer de un estudio global sobre los movimientos migratorios en Catalunya a lo largo de la Edad Moderna. Se ha avanzado un poco más en el análisis de la inmigración francesa en los siglos XVI y XVII, una migración que prácticamente desaparece a raíz de la guerra de Secesión (1640-1652/59), pero persiste el desconocimiento respecto a esta corriente durante el siglo XVIII. En cualquier caso, ha quedado acreditado que, a lo largo de esta última centuria, el territorio catalán no recibe ninguna aportación foránea destacable, ni procedente del resto de la península ibérica ni del continente europeo. En líneas generales, los quinque libri siguen siendo la base documental para el estudio de estos movimientos, especialmente los matrimonios y, en menor grado, los óbitos. No obstante, ambos adolecen del mismo problema: la diferenciación entre el origen y la residencia del individuo en cuestión en el momento del acto sacramental, ya que ésta no se generalizó en los registros parroquiales hasta el siglo XIX. Nuestra propuesta es poner al día, tanto con datos bibliográficos como personales, las cifras de que disponemos sobre dicha inmigración ultrapirenaica que “ocupó” toda Catalunya, en mayor o menor intensidad, a lo largo de estas centurias.
Palabras clave: Catalunya; demografía; inmigración francesa; movimientos migratorios; Edad Moderna.
The other Catalans of the Modern Age
Abstract
Nowadays, we still do not have a comprehensive study of mobility in Catalonia throughout the Modern Age. Some progress has been made in the analysis of French immigration in the 16th and 17th centuries, a migration that practically disappeared following the Civil War (1640-1652/59), but there remains a lack of knowledge regarding this mobility during the 18th century. In any case, it has been proven that, throughout this last century, the Catalan territory did not receive any significant foreign contribution, either from the rest of the Iberian Peninsula or from the European continent. In general terms, the quinque libri continues to be the documentary basis for the study of these movements, especially marriages and, to a lesser extent, deaths. However, both suffer from the same problem: the differentiation between the origin and the residence of the individual in question at the time of the sacramental act, since this did not become widespread in parish registers until the 19th century. Our proposal is to update, with both bibliographic and personal data, the figures we have on this ultra-Pyrenean immigration that “occupied” all of Catalonia, to a greater or lesser extent, throughout these centuries.
Key words: Catalonia; demography; French immigration; migratory movements; Modern Age.
Fecha de recepción del original: 18 de septiembre de 2024; version final: 11 de septiembre de 2025.
Raimon Masdéu i Térmens, Centre d’Estudis Demogràfics - CERCA, Edificio E2, Universitat Autònoma de Barcelona. E-mail: r.masdeu.termens@gmail.com; ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-3382-7974.
Carles Millàs i Castellví, Centre d’Estudis Demogràfics - CERCA, Edificio E2, Universitat Autònoma de Barcelona. E-mail: carles.millas.castellvi@gmail.com; ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-8396-5614
Los otros catalanes de la Edad Moderna
Raimon Masdéu i Térmens, Centre d’Estudis Demogràfics - Universitat Autònoma de Barcelona
Carles Millàs i Castellví, Centre d’Estudis Demogràfics - Universitat Autònoma de Barcelona
1. Introducción
Los movimientos migratorios y sus consecuencias están a la orden del día. Pero no es un fenómeno nuevo, ni en Catalunya ni en el resto de la península ibérica. En los dos primeros siglos de la Edad Moderna, miles de franceses procedentes mayoritariamente de la mitad sur de su país se asentaron en el Principado de Catalunya, en el Reino de Aragón, en el Reino de Valencia y en diversas zonas de la Corona de Castilla1.
El objetivo principal de este artículo es mostrar la evolución de la inmigración en Catalunya a lo largo de la Edad Moderna sobre todo a través de la presencia de migrantes franceses en los libros de matrimonios de más de un centenar de parroquias, a partir de una recopilación de datos de numerosos trabajos, tanto de diferentes autores y autoras como propios, y de un recuento personal de algunas series documentales hecho a propósito para este artículo para ampliar los datos relativos sobre todo -pero no únicamente- al siglo XVIII2. Dicha evolución muestra, como ya es conocido, una presencia significativa de inmigrantes franceses entre finales del siglo XVI y principios del XVII y un declive prácticamente hasta la desaparición a lo largo del XVIII, fenómeno no tan conocido con el detalle que pretendemos mostrarlo.
Aunque hallamos referencias bibliográficas ya desde la segunda mitad del siglo XIX3, no fue hasta finales de la década de 1950, con las publicaciones de Moreu-Rey (1959) y Nadal i Oller y Giralt i Raventós conjuntamente (1960), que la presencia de naturales del reino de Francia en el Principado de Catalunya durante la Edad Moderna fue considerada como un fenómeno migratorio relevante para la historia demográfica de Catalunya4. Desde entonces, las investigaciones para hallar gascones, gabachos, franceses y extranjeros5 en todo tipo de documentación se han multiplicado hasta el infinito, de manera que, de los cerca de mil franceses identificados por Nadal i Oller y Giralt i Raventós en 1960, hemos pasado, en la actualidad, a conocer nombres y apellidos de entre treinta mil a cuarenta mil inmigrantes procedentes del reino de Francia asentados en Catalunya de manera permanente o temporal entre finales del siglo XV y finales del siglo XVIII6.
No obstante, seguimos sin disponer de un estudio conjunto sobre las migraciones en Catalunya a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII. Tal como acabamos de comentar, se ha avanzado de manera significativa en el conocimiento parcial de la inmigración francesa, y respecto a este flujo migratorio es sobre el cual centramos el presente artículo, en los dos primeros siglos citados (aún hay zonas de Catalunya oscuras, en parte por déficits de documentación7), inmigración que disminuye significativamente a raíz de la guerra de Secesión de mediados del XVII (1640-1652/1659), pero persiste el desconocimiento respecto a los movimientos migratorios del siglo XVIII. En cualquier caso, ha quedado acreditado que, a lo largo de este último siglo, la población catalana no recibe ninguna aportación foránea destacable, ni procedente del resto de la península ibérica ni del continente europeo8.
2. Antecedentes
A principios de la Edad Moderna, el Principado de Catalunya se extendía desde Salses hasta Alcanar, es decir, incluía lo que actualmente se conoce como la Catalunya del Nord o departamento francés de los Pyrénées-Orientales (Pirineos Orientales); en aquel momento recibía el nombre de els Comtats (de Rosselló y de Cerdanya), dentro del cual había la segunda ciudad catalana más poblada de aquella época, Perpinyà.
Las relaciones de todo tipo -humanas, comerciales, dinásticas, religiosas, políticas, etc.- entre Catalunya y los territorios del sur de la actual Francia se remontan, como mínimo, a la Alta Edad Media, con la creación de la Marca Hispánica (o ¿de la Gotia?) entre finales del siglo VIII y principios del siglo IX. Con altibajos como en todas las relaciones humanas, en ocasiones derivaron en enfrentamientos militares que afectaron especialmente a la Catalunya del Nord. Ya en plena Edad Moderna, las malas relaciones entre los Austrias hispánicos y los Borbones franceses culminaron con la separación de els Comtats del resto de Catalunya como consecuencia del Tratado de los Pirineos (1659). Cabe decir que la guerra de Secesión (1640-1652/1659), a la que ponía fin dicho tratado, supuso un final más o menos abrupto al masivo movimiento migratorio francés, principalmente, hacia Catalunya y, por extensión, hacia el resto de la península.
La presencia de población de origen francés -especialmente de la zona que se conoce como Occitania- en el Principado de Catalunya se ha documentado ya desde la misma creación de la Marca Hispánica, formada en territorio catalán por diversos condados -hasta doce- que acogieron habitantes del norte de los Pirineos para completar la repoblación de las zonas conquistadas por Carlomagno a los musulmanes que ocupaban la península ibérica -a la sazón, el emirato de Córdoba-. A partir de ese momento, dicha presencia aparece regularmente en todo tipo de documentación, desde miembros de la corte como la familia Durfort9 a artesanos, comerciantes y jornaleros del campo, tanto en Barcelona, como en el delta del Llobregat (costa central catalana), en la Seu d’Urgell (Pirineo central catalán), en Castelló d’Empúries (Costa Brava), en Cervera (Depresión Central) o en Gelida (Penedès)10.
La situación demográfica en Catalunya a principios de la Edad Moderna era claramente crítica. Desde la epidemia de peste negra de mediados del siglo XIV, la población catalana no había hecho otra cosa que retroceder. No fue únicamente la crisis epidémica: las guerras con la corona de Castilla, los problemas dinásticos, los problemas en el campo (la guerra de los remences -payeses sometidos a la servidumbre de la gleba-, de 1462 a 1486) y la guerra civil (1462-1472) entre la nueva dinastía de los Trastámara y la Diputació del General produjeron una crisis global en toda Catalunya que se reflejó claramente en lo que se conoce como los masos rònecs, es decir, las masías abandonadas. Aunque la secuencia de datos demográficos catalanes de los períodos medieval y moderno es muy irregular, no cabe duda de que el fogatge (fogaje, recuento nominal de cabezas de familia) de 1496-1497 se acerca mucho al punto más bajo de la población catalana desde mediados del siglo XIV -justo antes de la llegada de la peste negra que asoló buena parte de Europa entre 1347 y 1352- hasta finales del siglo XVIII, momento en el cual se supera por primera vez el número de habitantes de la primera mitad del siglo XIV.
Es imposible cuantificar el descenso real de la población catalana entre mediados del siglo XIV y finales del siglo XV, entre otras cosas porque no hay ningún recuento de población anterior a la peste negra. Los pocos que hay son posteriores y ya reflejan una parte de la crisis demográfica provocada por la epidemia. En cualquier caso, los tres fogajes de principios de la Edad Moderna (1496-1497, 1515-1516 y 1553) reflejan un cambio de tendencia a la vez que muestran el vacío humano que facilita la instalación de numerosos inmigrantes procedentes del sur de Francia. Los masos rònecs llegan a representar en algunas localidades hasta el 50 % del total de edificaciones: la documentación notarial da cuenta no solo de su abandono, es decir, falta de payeses y jornaleros, sino de su ruina material. Por poner un único ejemplo, en una localidad muy cercana a Barcelona (Sant Just Desvern), se pasó de cerca de cincuenta focs (casas y masías habitadas) en la década de 1340 a veintiséis focs en 1515 y a treinta y dos a principios del siglo XVIII11.
En definitiva, creemos que fue este vacío, a través del boca a oreja sobre todo de comerciantes y pastores trashumantes que se movían a uno y otro lado de la cordillera pirenaica, lo que provocó un auge, un crecimiento muy importante, de una corriente migratoria que no era ninguna novedad, como hemos visto anteriormente. Al margen de esta relación secular entre ambos lados del Pirineo oriental, los motivos de la atracción están claramente definidos: necesidad de mano de obra de todo tipo -no solo en el campo- y fin de los conflictos militares y sociales internos -la Sentencia Arbitral de Guadalupe de 1486 llevó la paz al mundo rural catalán-. No están tan claros los motivos de la expulsión de las zonas de origen de los inmigrantes: entre otros aspectos, hay que resaltar que el área de procedencia es muy grande, prácticamente toda la mitad sur del reino de Francia, con diversidad de peculiaridades y con una cierta prevalencia de la zona más montañosa -Pirineo y Pre-Pirineo francés, en especial los obispados de Tarbes, Pamiers, Couserans y Saint-Bertrand-de-Comminges, los tres últimos limítrofes con el Principado de Catalunya-12.
3. La documentación
En líneas generales, los quinque libri siguen siendo la base documental para el estudio de los movimientos migratorios en el período pre estadístico, especialmente los libros de matrimonios y, en menor grado, cabría añadir los libros de defunciones. No obstante, todos adolecen del mismo problema: la diferenciación entre el origen –lugar de nacimiento– y la residencia de cada cónyuge o del difunto en el momento del acto sacramental, evento que no se generalizó en los registros parroquiales hasta el siglo XIX13.
La presencia de inmigrantes franceses en Catalunya está directamente relacionada con su localización en la documentación disponible; más allá de la onomástica y los apellidos, su huella ha quedado escrita en multitud de documentos de todo tipo. No obstante, como decíamos antes, hay un imponderable difícil de superar, que es la correcta identificación del origen y la residencia de las personas en los documentos tanto medievales como de la época moderna. ¿Cuántas veces hemos encontrado una partida de matrimonio de un hombre viudo -o de una mujer viuda- que se casa de nuevo y el documento lo empadrona en la parroquia donde había estado viviendo antes de enviudar y que difiere de su lugar de nacimiento, que no consta reflejado en ningún momento?14 No podemos lamentarnos del hecho de que no hubiera un criterio demográfico o estadístico en toda la documentación, que unifique y detalle correctamente tanto el origen como la residencia -en el caso de que fueran diferentes- de los protagonistas de los documentos. Y todo ello sin contar con la dificultad para entender, algunas veces, la letra de los escribientes e identificar correctamente poblaciones y obispados… cuando vienen detallados.
Si bien inicialmente se centró la búsqueda en los libros sacramentales de matrimonios, pronto se amplió la base documental a otros documentos eclesiásticos (el resto de los quinque libri, los expedientes diocesanos15, las proclamas matrimoniales16 y los Llibres d’esposalles de la catedral de Barcelona17), a los fondos notariales (capítulos matrimoniales, testamentos, compraventas, etc.18), a los legislativos y a los inquisitoriales19. También han aparecido en los fogajes de finales del siglo XV, aunque su número no sea relevante (más adelante hablaremos de ello). En cualquier caso, su cuantificación a partir de toda la documentación consultada es muy complicada, incluso la más sencilla, la relativa al recuento en los libros de matrimonios20.
El hecho de centrar la búsqueda de inmigrantes del reino de Francia, al principio, básicamente en dichos libros condiciona tanto su significación numérica como la cronología de su llegada. El registro obligatorio de los matrimonios empezó después de la finalización del Concilio de Trento (1563) y su implantación en la península ibérica entre 1565 y 156621 coincidió con las guerras de religión en Francia (1562-1598), que agravaron las circunstancias que ya empujaban a emigrar a numerosos occitanos. Sin embargo, la utilización de documentación alternativa a dichos libros para encontrar referencias a occitanos y franceses instalados en Catalunya, ya fuera voluntaria o involuntaria dicha búsqueda, ha permitido dibujar una imagen mucho más poliédrica y más extendida cronológicamente que la que muestran los libros de matrimonios por sí solos. Lo veremos más adelante, dividido por los tres siglos que comprenden la Edad Moderna.
Pero antes, y no menos importante, debemos tener en cuenta también que la documentación raramente detalla cuántos años llevaban viviendo los inmigrantes en Catalunya antes de casarse, antes de morir, antes de ir al notario, antes de ser perseguidos por los tribunales o antes de aparecer en un fogaje. Son muy pocos los documentos que incluyen esta información. Y la falta de esta información, por ejemplo, en los libros de matrimonios puede distorsionar la perspectiva de nuestros datos. Tampoco contamos con su edad, ya no real, ni tan solo aproximada, información que nos ayudaría a crear una imagen mucho más completa de estos inmigrantes; la edad aproximada también aparece en unos pocos documentos, pero no aparece nunca, por ejemplo, en los libros de matrimonios22. Sin embargo, y a pesar de estas deficiencias, estos libros siguen siendo la fuente más utilizada para el estudio de las migraciones en el período pre estadístico23.
4. Características principales de la inmigración francesa en Catalunya
Hay tantas motivaciones para emigrar como personas que emigran. Cuando un movimiento es tan prolongado en el tiempo como amplio en el espacio físico de origen de los inmigrantes, se hace difícil resumir en cuatro líneas las causas que lo originaron -pobreza, hambre y epidemias; superpoblación o excedente demográfico; guerras de religión; sueldos más bajos-. Causas que, como hemos visto en los antecedentes, se complementan con los déficits que se vivían en Catalunya.
Mapa 1. Localización municipal de maridos franceses y occitanos en la Catalunya moderna

Fuente: elaboración propia a partir de la Tabla 1 del Anexo.
En nuestros anteriores trabajos hablamos someramente de los lugares de procedencia de los cónyuges y del impacto de la inmigración francesa en determinadas zonas de Catalunya a partir de los libros de matrimonio especialmente del siglo XVI y primeros decenios del siglo XVII24. No repetiremos aquí aquellos datos. Tal como indicamos en la introducción, nuestro objetivo en esta publicación es intentar presentar una agrupación de todo lo aparecido hasta la fecha para ofrecer una síntesis de la inmigración francesa en Catalunya a lo largo de los tres siglos que comprenden la Edad Moderna, vía matrimonial mediante una actualización procedente tanto de fuentes secundarias como de fuentes primarias25.
Para ello, hemos hecho un esfuerzo de recopilación de (casi) toda la bibliografía y de (casi) todos los datos disponibles hasta el momento -tanto en papel como en plataformas digitales de Internet, tanto publicado como inédito-, referente a movimientos migratorios en Catalunya y centrándonos especialmente -pero no únicamente- en la presencia de cónyuges franceses en poblaciones catalanas de todo tipo, desde las más grandes como Barcelona o Perpinyà hasta núcleos rurales pequeños del interior del país26. Dicha recopilación nos permite, ahora mismo, cuantificar la presencia de dichos cónyuges en los libros sacramentales catalanes como sigue: entre 1570 y 1620, aproximadamente un 12 % de hombres casados eran de origen francés; desde 1621 hasta 1660, lo eran alrededor de un 5 % y de 1661 a 1700, lo eran poco más o menos un 2,5 %27. Respecto de las mujeres francesas, su presencia no llegaba, según nuestros cálculos, al 1 % del total28. Es importante señalar que estas cifras provienen de la agrupación de numerosos trabajos con cronologías dispares, tanto por imponderables de las mismas fuentes como por decisión propia de los autores y autoras de recortar o alargar el período de análisis.
Estos porcentajes esconden un reparto territorial desigual, aparentemente más numeroso en la zona litoral que en el interior y más cuantioso en los núcleos más poblados que en los más pequeños, aunque ello no debe extrañarnos. El litoral catalán y los núcleos más poblados ofrecían, en principio, más salidas laborales a unos inmigrantes que se desplazaban, sobre todo, para trabajar.
Respecto de la procedencia genérica de los cónyuges, los datos recopilados muestran la gran influencia del área de proximidad geográfica que podemos asimilar al ámbito de relación diaria alrededor del núcleo de residencia de cada uno de los cónyuges29. En Catalunya, este ámbito de relación diaria es asimilable, grosso modo, a las comarcas, división territorial histórica que se ha venido utilizando sistemáticamente para la presentación de los resultados obtenidos. Dichos resultados, a partir de los libros de matrimonios, se resumen de la siguiente manera: respecto de los hombres, aproximadamente un 75 % proceden de dicho ámbito de relación diaria asimilable a la comarca a la cual pertenece la población de origen o residencia de los cónyuges. En cuanto a las mujeres, el porcentaje sube hasta aproximadamente el 85 %30.
Estos porcentajes genéricos indican que, en el período analizado, alrededor de un 25 % de los hombres y de un 15 % de las mujeres proceden del resto del mundo, aunque los datos recopilados confirman que, en los siglos XVI y XVII, el resto del mundo comprende tanto catalanes del todo el Principado como inmigrantes del sur de Francia, principalmente; mientras, en el siglo XVIII, el resto del mundo se circunscribe únicamente al propio Principado de Catalunya. En este último siglo, los libros de matrimonios en su conjunto no ofrecen ningún porcentaje de extranjeros -procedentes tanto del resto de la península ibérica como del continente europeo, entornos más cercanos de Catalunya- superior al 1 %. Del mismo modo que hemos comentado respecto de la inmigración francesa, estos porcentajes esconden variaciones territoriales sobre todo en base al mayor o menor tamaño de las poblaciones estudiadas: en las poblaciones pequeñas los porcentajes de cónyuges procedentes del ámbito de relación diaria suelen ser un poco más elevados que en los núcleos de población más grandes.
No obstante, cabe considerar que los matrimonios son un indicativo primario de los movimientos de la población, pero no el único. Ya hemos comentado que cabría añadir los libros de defunciones, hasta la fecha prácticamente olvidados con relación a la procedencia de los difuntos, que también podrían dar un poco de luz a los desplazamientos internos, sobre todo de aquellas personas que morían solteras.
Sin contar con los métodos estadísticos modernos sino con la irracionalidad de las apreciaciones, en determinados momentos y sitios, la presencia de occitanos y franceses se convirtió en “demasiada -a veces excesiva-” a los ojos de los habitantes autóctonos de Catalunya, lo que generó una sucesión de normas legislativas que tenían por objetivo limitar sus actividades, llegando incluso a propuestas de expulsión, como veremos más adelante. Sugerencias que chocaban con el hecho de que se trataba de una mano de obra necesaria para el desarrollo económico del país, después de la larga crisis originada con la peste negra de mediados del siglo XIV y cerrada -más o menos- con la Sentencia Arbitral de Guadalupe de 1486. Su presencia especialmente en el sector agrario, en la construcción y en el transporte de mercancías -aunque no únicamente- era imprescindible para sostener un crecimiento tanto de la población como de la economía catalanas que empezó tímidamente a principios del siglo XVI y aceleró en su segunda mitad. Mientras las autoridades -tanto políticas como eclesiásticas- pugnaban por controlar los inmigrantes occitanos y franceses, el pueblo llano era consciente del papel beneficioso que tenían.
A falta de censos “modernos” que nos permitirían conocer mucho mejor la proporción que representaron dichos inmigrantes sobre el total de habitantes de Catalunya en los dos primeros siglos de la Edad Moderna, los datos obtenidos de los registros parroquiales (especialmente matrimonios y defunciones), de los registros diocesanos (expedientes matrimoniales y Llibres d’esposalles de la catedral de Barcelona), de los registros notariales (sobre todo capítulos matrimoniales y testamentos), de los procesos inquisitoriales, de los registros de enfermos del hospital de la Santa Creu de Barcelona, de la legislación política y eclesiástica -entre la que destaca la Matrícula de franceses de 163731- y de los fogajes no dejan de ser aproximaciones cuya representatividad se circunscribe al tipo de documento utilizado para localizarlos.
Salvando las distancias, lo más parecido a los censos modernos con lo que contamos son los fogajes, recuentos nominales de los cabezas de familia sin especificar el número de personas que vivían a su cargo. Dichos recuentos nos permiten conocer el número de casas habitadas en un determinado momento; al ser nominales -en muchos casos, nombre y apellido del cabeza de familia, pero no en todos- podemos identificar algunos inequívocamente gascones, gabachos o franceses, pero su número está lejos de ofrecer el retrato real de la presencia de inmigrantes en la primera mitad del siglo XVI. Una cosa sí es cierta: tanto en 1496-1497 como en 1553, prácticamente los hallamos en todas las veguerías catalanas. Sin duda, ser cabeza de familia representaba una mejora en el estatus social del inmigrante, un ascenso dentro de la sociedad que, muchas veces, pasaba por el matrimonio.
Pero no todos los hombres y mujeres se casaban; no todos los que lo hacían pasaban por el notario para hacer capítulos matrimoniales; ni los que se casaban lo hacían siempre en su parroquia de origen. Aunque todo el mundo fallece, hay muchas defunciones que se producen fuera de la parroquia de origen -o no están registradas, especialmente las de los párvulos hasta bien entrado el siglo XVIII-; y no todos los fallecidos hacían testamento -es prácticamente imposible saber cuál era la proporción de personas que hacían capítulos matrimoniales y testamento sobre el total de casados y difuntos respectivamente; no hay que olvidar que los pobres no iban al notario-. Si los registros sacramentales se convierten en obligatorios a partir de 1566, no es casual que a partir de ese momento mejore extraordinariamente la información del origen y la residencia de los cónyuges en los registros de los Llibres d’esposalles de la catedral de Barcelona -que afectan a todo el obispado de la capital catalana-, aunque sin llegar a ser del 100%; paralelamente, se multiplican los expedientes matrimoniales -no solo los referentes a los matrimonios consanguíneos- para evitar casos de bigamia especialmente entre los inmigrantes occitanos y franceses que quieren casarse, dado que algunos venían ya casados de sus pueblos de origen.
Precisamente la bigamia es uno de los motivos de persecución de la Inquisición en Catalunya contra dichos inmigrantes, aunque no el único en el que aparecen; también lo son las sospechas de profesar el protestantismo, cuando mayormente proceden de zonas católicas. La creación del obispado de Solsona en 1593, sobre todo a costa del obispado de Urgell, obedece a la necesidad de reforzar el control de la frontera pirenaica, lugar de paso mayoritario de occitanos y franceses. Se creía que con dos obispados y dos obispos mejoraría dicho control. El obispo de la diócesis de Urgell debía batallar con una presencia extraordinaria de clérigos procedentes del otro lado de la frontera; presencia alimentada, entre otras circunstancias y paradójicamente, por el absentismo de los clérigos locales.
Los registros de la entrada de enfermos en el hospital de la Santa Creu de Barcelona, el más importante de Catalunya en aquella época, contienen un número de inmigrantes occitanos y franceses bastante elevado, tal como muestran los datos aportados tanto por Nadal i Oller y Giralt i Raventós en 1960 como por Betrán Moya en 1996. No obstante, hay que tener en cuenta que el registro contiene lagunas y procedencias desconocidas y que no se han vaciado todos los años, de manera que son muestras parciales. En favor de los autores citados diremos que, en aquellos años, no había las tecnologías actuales que pueden facilitar tanto la lectura de los documentos como el almacenamiento y tratamiento de los datos obtenidos; por ejemplo, hoy en día los libros de registros de la entrada de enfermos del hospital de la Santa Creu de Barcelona están digitalizados y son accesibles a través de Internet.
La legislación política y eclesiástica, recurrente ya desde finales del siglo XV, no nos habla de cifras sino de una preocupación: el excesivo número de inmigrantes en determinadas zonas ponía en peligro la estabilidad social; por ejemplo, tensionaba el mercado matrimonial por el hecho de que el número de hombres solteros en disposición de casarse era muy superior al número de mujeres solteras. También representaba una amenaza ante los constantes conflictos bélicos que se sucedían entre las monarquías hispánica y francesa, para las cuales Catalunya era un punto estratégico de confrontación militar. Muestra de ello es uno de los documentos más importantes que se conserva relacionado con la presencia de inmigrantes procedentes del reino de Francia, al que ya hemos aludido anteriormente: la Matrícula de franceses de 1637. El documento recoge los datos personales de más de 4.000 hombres y mujeres residentes en todas las poblaciones de la costa catalana, desde Salses al norte (hoy en día población francesa) hasta Alcanar en el sur, sospechosos de colaborar con el ejército francés en el marco de la guerra de Secesión. El Tratado de los Pirineos (1659), que ponía fin a esa guerra, acabó con el desmembramiento de una parte de Catalunya que fue entregada sin más al reino de Francia, de manera que la frontera se desplazó un poco más al sur.
5. Siglo XVI
No es nada fácil ofrecer datos estadísticos, ni generales ni particulares, de la inmigración occitana y francesa de la Edad Moderna en Catalunya, especialmente del siglo XVI. Desde 1960 hasta la actualidad se han recogido muchos datos, con criterios diversos y con cronologías dispares, a veces condicionados por la documentación disponible. Para empezar, cabe decir que en aquella época Catalunya contaba con unas 2.000 parroquias y solo disponemos de información -no siempre completa- de poco más de 300 de ellas32. ¿Son suficientes para que los datos extraídos sean representativos?
De hecho, el cambio más importante desde 1960 hasta el presente es que la presencia de inmigrantes del reino de Francia a lo largo del siglo XVI es más relevante que lo que parecía en el momento en que Nadal i Oller y Giralt i Raventós presentaron su estudio sobre dicha inmigración33. Los datos que vamos a presentar a continuación no ofrecen ninguna duda, aunque no se llegue, en conjunto, al 20 %.
Aunque hay documentación anterior en la que ya aparecen inmigrantes occitanos y franceses en número significativo, empezaremos hablando del fogaje de 1496-1497: fue transcrito íntegramente por Iglésies i Fort y publicado en 199134. En él aparecen gabachos, gascones, franceses y extranjeros, aunque su presencia es reducida: solo representan el 0,22 % del total de fuegos o casas35. Lo que interesa destacar es que se encuentran repartidos por toda Catalunya, no únicamente en el litoral -aparentemente el principal punto de atracción- ni en la zona pirenaica -punto de entrada de los inmigrantes procedentes del reino de Francia-. Es imposible determinar si había más occitanos por su apellido, ya que muchos son comunes con los apellidos catalanes36. En cualquier caso, su presencia como cabezas de familia por todo el territorio catalán viene a complementar su localización en otros tipos de documentos ya a lo largo de la segunda mitad del siglo XV: han aparecido en mayor o menor número en los Llibres d’esposalles de la catedral de Barcelona -que empiezan en 1451-37 y en los libros de registros de entrada de enfermos del hospital de la Santa Creu de Barcelona -que empiezan en 1457-38, así como en documentación notarial de localidades tan dispares como Argentona (el Maresme)39, Vilafranca del Penedès (Penedès)40, Vila-rodona (Alt Camp)41, Caldes de Montbui (Vallès Oriental)42, Olesa de Montserrat (Baix Llobregat)43 o Manresa (Bages)44.
En ciertos momentos, las autoridades tanto civiles como eclesiásticas promulgaron bandos, leyes, edictos o decretos para limitar o directamente prohibir algunas de las actividades de los inmigrantes45. Y hubo diversos intentos de expulsión, aunque ninguno de ellos se hizo totalmente efectivo. Veamos un par de ejemplos: una de las zonas donde la presencia de inmigrantes era más notoria eran els Comtats; ya en 1496 y en 1497 hay sendos intentos de expulsión, aunque se justifican por la larga ocupación militar francesa sufrida entre los años 1462 y 1493, que provocó la llegada de numerosos inmigrantes del reino de Francia -no únicamente soldados-. En 1542 hubo un nuevo intento de expulsión de franceses de la misma zona, que generó un censo a partir del cual se puede cifrar entre un 9 y un 10 % el porcentaje que representaban sobre el total de la población46; o, en otras palabras, para el gobernador militar de la plaza de Perpinyà de la época, eran “demasiados”47.
Otro documento que nos habla de una presencia “masiva” de naturales del reino de Francia en determinadas zonas de Catalunya concierne a la Vall d’Aran, aunque cabe decir que es un territorio perteneciente a la vertiente atlántica del Pirineo y que en aquella época formaba parte del obispado francés de Saint-Bertrand-de-Comminges. Podemos considerar “normal” que un 40 % de sus habitantes, según un documento de 1555, fueran inmigrantes occitanos, aunque el documento es ambiguo y el porcentaje podría ser menor48. La Vall d’Aran estaba prácticamente aislada del resto de Catalunya, pero un par de topónimos relativos a los gabachos en la zona montañosa que limita al sur del valle con las dos comarcas del Pallars nos inducen a pensar que era una zona de paso frecuentada por inmigrantes del reino de Francia49. Un poco más al este y antes de llegar a la frontera andorrana, los puertos de Salau y Boet comunican la comarca del Pallars Sobirà, al sur, con el departamento del Ariège, al norte, puertos que servían de paso no solo de personas sino también de animales trashumantes.
Y aunque políticamente no pertenecían al Principado de Catalunya, los valles andorranos sí formaban parte de la diócesis de Urgell y eran otro lugar de paso de inmigrantes a través de los puertos de Siguer y Fontargent -hacia las parroquias de Ordino y Canillo, respectivamente-; algunos de ellos se asentaron en las parroquias andorranas mientras otros siguieron camino hacia Catalunya. Así, mientras en los valles andorranos la presencia de inmigrantes masculinos procedentes del reino de Francia se limita, hasta 1714, al 5,3 % según los libros -incompletos- de matrimonios50, en la Seu d’Urgell -capital de dicha diócesis- su presencia es un poco más destacada, llegando al 7 %, aunque no únicamente de trabajadores o comerciantes, sino también de eclesiásticos que, obviamente, no aparecen en los libros de matrimonios como cónyuges51.
A falta de libros de matrimonios, se han hecho unos pocos estudios basados en los capítulos matrimoniales de poblaciones como Sabadell (Vallès Occidental)52, el Prat de Llobregat i otros municipios del Delta (Baix Llobregat i Barcelonès)53, Cervera (la Segarra)54, Vilafranca del Penedès (Penedès)55 o Castelló d’Empúries (Alt Empordà)56, entre otras, y, en su conjunto, entre 1501 y 1560, un 10 % de los contrayentes masculinos eran originarios del reino de Francia. La muestra -unos 2.000 protocolos- es demasiado pequeña como para otorgarle un carácter significativo. En el mismo período, entre 1521 y 1565, los datos aportados por los Llibres d’esposalles de la catedral de Barcelona, que atañen a todo el obispado, indican que cerca de un 7 % de los cónyuges masculinos tenían el mismo origen57. En este caso, hay que tener en cuenta que la información que ofrecen dichos libros sobre el origen y la residencia de los contrayentes no es ni mucho menos completa, ya que solo aparece en un 30 % -aproximadamente- de los registros.
Como ya hemos comentado, los registros sacramentales se convierten en obligatorios después de la finalización del Concilio de Trento en el año 1563; el entonces monarca hispánico, Felipe II, firmó la aceptación de los postulados del concilio entre 1565 y 1566 y es a partir de esa fecha que empezamos a encontrar series más o menos completas de registros de bautismos, matrimonios y entierros. Si limitamos cualquier búsqueda, en este caso la de naturales del reino de Francia, en dichos libros, nos perdemos los dos primeros tercios del siglo XVI que, por otros documentos, sabemos de su presencia más que notable, como acabamos de comprobar. Por otro lado, no podemos olvidar que se han perdido numerosos libros sacramentales, de manera que es imposible rastrear al cien por cien dicha presencia.
Los registros sistemáticos de matrimonios más precoces en los que se han hallado occitanos y franceses pertenecen a la catedral de Lleida (el Segrià)58 y a la basílica de Santa María de Igualada (Anoia)59, ambos anteriores a la finalización del Concilio de Trento (1547 y 1551, respectivamente). En cualquier caso, se trata de dos poblaciones importantes del interior de Catalunya, alejadas tanto de la costa como del Pirineo, un ejemplo más de que su presencia, más o menos notoria, puede remontarse a principios del siglo XVI.
En el caso de la ciudad de Barcelona, a falta de libros de matrimonios, los libros de registro de la entrada de enfermos en el hospital de la Santa Creu -único hospital de la capital catalana en aquellos momentos- indican que en 1500 casi un 20 % de los ingresados eran franceses, que entre 1539 y 1540 lo eran un 48 %, porcentaje que se mantenía en 1566, en 1581 lo eran poco más del 39 % y en 1600 el 37 %60. No obstante, ello no significa que un 20 %, un 48 %, un 39 % y un 37 % del total de la población barcelonesa, y ni mucho menos catalana, de aquellos años fuera de origen francés. Las cifras procedentes de una de las siete parroquias de la capital catalana (Sant Just i Pastor) indican que, entre 1567 y 1600, cerca de un 25 % de los cónyuges masculinos de dicha parroquia eran inmigrantes occitanos y franceses, porcentaje muy inferior a los que ofrecen los libros del hospital de la Santa Creu61. Es muy probable que el hospital acogiera más gente sin recursos -entre ellos, los inmigrantes del reino de Francia- que no catalanes autóctonos con recursos que podían acogerse a médicos particulares.
A lo largo del siglo XVI destaca un colectivo de inmigrantes occitanos que, en principio, no aportan nada al crecimiento demográfico pero que causaron no pocos problemas entre las autoridades eclesiásticas: nos referimos a los clérigos de origen ultra pirenaico -quizás huyendo de las guerras de religión, aunque ya se encuentran a finales del siglo XV y principios del XVI- que se aprovecharon de las numerosas sedes vacantes -especialmente vicarías y beneficios- de las iglesias catalanas para ocupar sus plazas. Se han detectado sobre todo en los obispados de Barcelona y la Seu d’Urgell, donde abundan los edictos y otras disposiciones para controlar sus actividades, aunque no dudamos que se pueden localizar en todos los obispados62. A destacar que, en algún caso, llegaron acompañados de familiares (hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, …).
La recogida de datos que hemos llevado a cabo nos ha permitido agregar las cifras -mayoritariamente parciales- de matrimonios y de cónyuges occitanos y franceses de ciento cinco parroquias entre 1551 y 180063. Se trata de parroquias para las cuales disponemos del detalle anual de ambas cifras, información que no aparece en todos los trabajos consultados. A partir de los datos agregados, hemos creado tres gráficos, uno para el período 1566 a 1600, otro para el período 1601 a 1700 y otro para el período 1700 a 1800, que muestran la evolución del porcentaje anual de matrimonios con cónyuges masculinos procedentes del reino de Francia y la media móvil de siete años de dichos períodos.
A continuación, incluimos el primero de ellos, con los datos de algunos libros de matrimonios a partir de 1566, cuando se implanta la obligatoriedad de llevar dichos libros en cada parroquia, aunque para los primeros años no es fácil encontrar registros; de hecho, hasta 1580 los datos se limitan a una media de una treintena de parroquias. En total, corresponden a poco más de nueve mil doscientos matrimonios en los cuales hay un cónyuge masculino occitano y francés en casi mil ciento noventa de ellos. Las cifras oscilan entre el 10 y el 20 % anual, unos porcentajes nada despreciables, y la media es casi del 13 %.
Gráfico 1. Evolución del porcentaje de cónyuges masculinos del reino de Francia (1566-1600)

Fuente: elaboración a partir de datos propios y de datos procedentes de los trabajos referenciados en el anexo y en la bibliografía.
6. Siglo XVII
A continuación, incluimos el segundo gráfico, que se basa en unos sesenta y cuatro mil matrimonios, de los cuales hay un cónyuge masculino occitano o francés ultra pirenaico en poco más de cuatro mil de ellos; muestra su evolución porcentual y la media móvil de siete años.
Los datos utilizados para elaborar los gráficos 1 y 2 corroboran -con todas las reservas posibles- las cifras de Capdevila Muntadas que hemos citado al principio de este trabajo -y de Nadal i Oller de 1956 y 1960-: entre 1566 y 1630, alrededor del 12 % de los cónyuges masculinos eran inmigrantes procedentes del reino de Francia. Sea por los motivos que sean, se trata del período álgido de su presencia en Catalunya. Y dentro de este período, en determinados lugares -como en Igualada64 o en Sant Boi de Llobregat65-, su presencia era excesiva según las apreciaciones de los catalanes coetáneos, algunos de los cuales lo dejaron reflejado por escrito66:
“Franceses hay a millares y no hay parte alguna de Cataluña donde no se encuentren”
(Francesc Soler, abogado y rector de la universidad de Perpinyà, 1620)67.
Pero, más allá de los porcentajes, es interesante observar la tendencia general del siglo XVII, el declive prolongado y gradual de su presencia en los libros de matrimonios a partir de la década de 1630. Sin duda, habría que intentar añadir más datos: por ejemplo, hasta el momento no hay ninguna parroquia en la que no se haya localizado como mínimo un inmigrante en algún matrimonio. ¿Es posible que no haya alguna en la que no aparezca ninguno, tal como expresaba Francesc Soler en 1620? Ahora mismo no lo sabemos68.
Gráfico 2. Evolución del porcentaje de cónyuges masculinos del reino de Francia (1601-1700)

Fuente: elaboración a partir de datos propios y de datos procedentes de los trabajos referenciados en el anexo y en la bibliografía.
Las cifras de la segunda mitad del siglo XVII, especialmente a partir de 1659, incluyen una derivada del tratado de los Pirineos de dicho año: els Comtats pasaron a depender de la monarquía francesa, de manera que sus habitantes, de hecho, catalanes, pasaron a formar parte del reino de Francia -franceses de derecho-. Si estudiamos el fenómeno migratorio a partir del concepto “migrantes procedentes del reino de Francia” es indudable que debemos incluir los habitantes del obispado de Elna como “inmigrantes” a partir de dicha fecha -no antes-; si estudiamos el fenómeno migratorio a partir del concepto “migrantes occitanos” no podemos incluir dichos inmigrantes en nuestros análisis. Por otro lado, su presencia es sobre todo destacable en las localidades próximas a la nueva frontera, fruto de las relaciones diarias habituales que generan acuerdos matrimoniales al margen de las divisiones administrativas. La duda es razonable: ¿debemos incluir en nuestros cálculos dichos “inmigrantes matrimoniales” o no debemos incluirlos?69
La Matrícula de franceses de 1637 nos ofrece una información muy relevante: algunos de los aproximadamente cuatro mil declarantes que aparecen en dicho documento llevaban más de cuarenta años viviendo en Catalunya, lo cual nos indica que su presencia no era, en términos generales, puntual o temporal, sino permanente70. Son estos inmigrantes los que colaboraron -no como actores principales sino con un papel secundario destacado- al crecimiento de la población catalana a lo largo del siglo XVI y de las tres primeras décadas del siglo XVII, no más allá. A partir de 1660, superada la crisis de mediados de siglo, el crecimiento de la población se reanuda, pero esta vez con una presencia de inmigrantes mucho más reducida, como muestra el gráfico 2, de manera que no podemos considerarlos como un elemento determinante de dicho crecimiento que, como veremos a continuación, se mantiene en el siglo XVIII.
Todos los trabajos realizados sobre la población catalana en la Edad Moderna destacan la importancia numérica del contingente de inmigrantes occitanos, tanto per se cómo comparado con otros inmigrantes mucho menos relevantes: por ejemplo, los Llibres d’esposalles sitúan a los cónyuges italianos en segundo lugar a mucha distancia de los occitanos y franceses71, estadística que coincide con los datos aportados por Nadal i Oller y Giralt i Raventós (2000: 237-241) a partir de los libros de registro de entradas de enfermos en el hospital de la Santa Creu o en los libros de matrimonios de la iglesia de Sant Just i Pastor, ambos en Barcelona. Así mismo, los datos procedentes de los procesos abiertos por el tribunal de Barcelona de la Santa Inquisición muestran lo mismo: del total de extranjeros encausados, un 70 % eran franceses, un 8,5 % eran italianos y otro 8 % eran alemanes, dejando poco más de un 13 % para otras dieciocho procedencias72. Y lo mismo podemos decir de los procedentes del resto de reinos de la Corona de Aragón y del resto de la península ibérica, cuya presencia es insignificante, demográficamente hablando, a lo largo de toda la Edad Moderna73.
7. Siglo XVIII
Si los siglos XVI y XVII destacan, en Catalunya, por la aportación demográfica de inmigrantes procedentes del reino de Francia, el siglo XVIII se caracteriza, especialmente, por una ausencia significativa de cualquier tipo de inmigración más allá de los movimientos derivados del mercado matrimonial, muy circunscrito al ámbito de relaciones diarias de cada núcleo de población, o de las necesidades laborales de la muy incipiente industrialización de Barcelona en la segunda mitad del siglo. Algunos trabajos ya realizados, más otros recientes que atañen a unas treinta poblaciones de todo tipo, coinciden en un mismo aspecto: en el siglo XVIII, los desplazamientos de población se circunscriben, mayormente, dentro de las fronteras del Principado de Catalunya. Dicho de otro modo, no se ha encontrado ningún aporte de población de fuera de dichas fronteras de la importancia que hemos constatado con la inmigración francesa en los siglos XVI y XVII.
Con un posicionamiento totalmente opuesto al de Francesc Soler de 1620, el jesuita Mateu Aymerich -filósofo, historiador y humanista- decía, en 1767, que “los franceses no gustan de establecerse en Cataluña cuando otras provincias de España, Italia y Alemania abundan tanto de comerciantes franceses”74. Cabe decir que Mateu Aymerich se refiere a comerciantes, cuando el contingente de inmigrantes occitanos de los dos siglos anteriores comprendía todo tipo de oficios, pero sobre todo trabajadores del campo. No obstante, no deja de ser cierto que a partir de 1719 -aproximadamente- “desaparecen” los inmigrantes del reino de Francia de los libros sacramentales catalanes.
El siglo XVIII catalán está condicionado por la guerra de Sucesión (1701-1715). El soporte mayoritario de la población catalana al pretendiente Carlos de Austria frente a Felipe de Borbón -a la sazón rey Felipe V, que contaba con el soporte de la Corona de Castilla- provocó una guerra que acabó con la imposición, sobre Catalunya, del Decreto de Nueva Planta en 1716. Una de las consecuencias de la victoria de Felipe V fue que el territorio catalán dejó de ser un campo de batalla recurrente entre las monarquías hispánica y francesa y se abrió un largo período de paz que duró hasta finales de siglo. Casi ochenta años sin graves conflictos militares que permitieron un crecimiento demográfico, económico y social desconocido hasta entonces.
La guerra de Sucesión (1701-1715) supuso un paréntesis en el crecimiento de la población catalana iniciado a partir de 1660, pasada la última gran epidemia de peste de los años 1649-1654. Dicho paréntesis ralentizó el impulso demográfico iniciado en los últimos años del siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la población catalana experimentó un crecimiento muy importante75. El hecho más destacable de este crecimiento es que se basó únicamente en la fecundidad marital autóctona, ya que no se ha detectado ninguna aportación relevante de población foránea que colaborara a dicho crecimiento como pasó en los siglos XVI y XVII con la inmigración francesa.
En el siglo XVIII los registros sacramentales están plenamente asentados y la información que encontramos en las actas es cada vez más completa -aunque sigue sin ser del todo explícita-. Las recurrentes visitas pastorales quedan reflejadas en los quinque libri: entre otras medidas y a lo largo de dicho siglo XVIII, se obligó a los párrocos a anotar el apellido de soltera de la madre en los baptismos y los matrimonios, a anotar la edad -aproximada- de los difuntos y a anotar la parroquia de origen de los cónyuges cuando difería de la de residencia en el momento de casarse76. Todo ello permite conocer un poco mejor el mercado matrimonial catalán del dieciocho, pero, paradójicamente, ha sido poco estudiado -como muestra el gráfico 3-, quizás por la complejidad de dicho análisis.
Y los pocos trabajos disponibles que lo analizan no ofrecen ningún tipo de duda: no hay ninguna aportación migratoria de fuera de las fronteras de Catalunya relevante, no solo en todo el siglo XVIII sino también hasta bien entrado el siglo XIX, tanto en Barcelona capital como en una zona que destaca por el cultivo de la vid como es el Penedès77, por poner dos ejemplos de los que sí hay datos. Así, los escasos casos documentados de inmigrantes franceses de esta centuria se han dado a conocer, sobre todo, por otras vías: listados de aprendices, libros de óbitos, matrículas de franceses de finales de siglo… obteniéndose, en todas las circunstancias, unos resultados exiguos y cuantitativamente insignificantes78.
Únicamente unos pocos estudios de poblaciones cercanas a las “fronteras administrativas” como la Seu d’Urgell79, Ulldecona80 o la Vall d’Aran81 muestran porcentajes de “extranjeros” relativamente altos -pero no más allá del 10 %- relacionados con su mercado matrimonial: la Seu d’Urgell recibe aportación de andorranos y, en menor medida, de occitanos, Ulldecona de castellonenses y turolenses y la Vall d’Aran de occitanos del obispado de Saint-Bertrand-de-Comminges, al cual seguía perteneciendo. Datos similares ofrece Peytaví i Deixona sobre la Catalunya del Nord82: la presencia de occitanos y franceses en los matrimonios celebrados entre 1737 y 1790 se reduce al 3,5 % y cerca del 60 % de éstos pertenecen a los dos obispados occitanos limítrofes, es decir, forman parte de su mercado matrimonial.
El gráfico 3 se basa en más de dieciocho mil matrimonios, de los cuales hay un cónyuge masculino occitano o francés ultra pirenaico únicamente en poco más de cien de ellos. Muestra su evolución porcentual y la media móvil de siete años desde 1701 hasta el año 1800, de manera que incluye cónyuges procedentes de la Catalunya del Nord y que pertenecen más al área matrimonial del norte del Principado que no a motivaciones migratorias. Cabe destacar también que mientras los datos hasta 1700 pertenecen a una media de noventa parroquias, entre 1701 y 1720 disponemos únicamente de datos de una mediana de veinticuatro parroquias y entre 1721 y 1800 tan solo trece parroquias, de manera que su representatividad baja considerablemente. En cualquier caso, los porcentajes anuales no superan en ningún momento el 4 %, a partir de 1737 no llegan al 2 % y son diversos los años en que no hemos localizado ningún cónyuge masculino de fuera de Catalunya, cosa que no sucede entre 1566 y 1700. La media anual de todo el siglo XVIII no llega ni al 1 % (0,62 % según nuestros cálculos).
Gráfico 3. Evolución del porcentaje de cónyuges masculinos del reino de Francia (1701-1800)

Fuente: elaboración a partir de datos propios y de datos procedentes de los trabajos referenciados en el anexo y en la bibliografía.
Conclusiones
Hace poco más de treinta años, en 1992, Codina i Vilà publicaba un artículo con un título “provocador” y “tentador”83. Sin embargo, es difícil asegurar que dicho artículo tuviera algún tipo de influencia en los trabajos posteriores a esa fecha; en cualquier caso, hemos intentado mostrar que, desde entonces, se ha avanzado bastante -aunque no suficiente- en el conocimiento de la inmigración occitana y francesa en Catalunya durante los dos primeros siglos de la Edad Moderna. No podemos obviar de ningún modo los déficits documentales que nos hemos encontrado -tanto nosotros como todas las personas que han intentado estudiar dicho fenómeno migratorio- y que limitan el alcance de nuestro conocimiento.
Hemos intentado dejar claro que es muy difícil conocer el impacto real de la inmigración occitana y francesa de los siglos XVI y XVII sobre la demografía catalana. A lo más, podemos atisbar su presencia en numerosos documentos y en numerosas parroquias sin que ello nos permita fijar un porcentaje ni tan siquiera aproximado de lo que representaron en el conjunto de la población catalana en aquel período84.
Está claro que no se trata de una corriente migratoria temporal nueva sino de una aceleración más o menos masiva de unas relaciones de todo tipo que se remontan a la Alta Edad Media y que unían el Principado de Catalunya con el sur del reino de Francia. Una coincidencia de necesidad de mano de obra por una parte y de circunstancias que podríamos calificar de negativas por otra parte, conllevaron un incremento del número de hombres -los más- y mujeres -las menos- de origen sobre todo occitano a desplazarse a Catalunya tanto temporalmente como definitivamente para buscar un sustento que no hallaban en su país de origen. Para empezar, no es posible saber qué fracción representaron los inmigrantes temporales -que podían hacer más de un viaje de ida y vuelta al año- sobre el total de inmigrantes llegados entre finales del siglo XV y principios del siglo XVIII85.
Los datos aportados por múltiples estudios confirman un descenso importante de la llegada de inmigrantes del sur del reino de Francia hacia Catalunya a partir de 1660, hasta el punto de que su presencia se puede considerar irrelevante -no inexistente-, demográficamente hablando, a lo largo del siglo XVIII. El censo de Floridablanca de 1787 indica que un 0,8 % del total de la población española era de origen francés; aunque en Catalunya dicho porcentaje llegara a ser del doble por la proximidad -como el dato que hemos visto de la ciudad de Barcelona en 1860-, estaría lejos de los porcentajes de los súbditos del rey de Francia en los siglos XVI y XVII.
En definitiva, actualmente conocemos un poco mejor el impacto de la inmigración occitana y francesa en el Principado de Catalunya durante la Edad Moderna, pero todavía hay recorrido para ampliar la base de dicho conocimiento. Una inmigración que está directamente relacionada con el mercado de trabajo, que en el siglo XVI y hasta mediados de la década de 1630 precisaba de mano de obra de todo tipo y que durante la segunda mitad del siglo XVII y a lo largo de todo el siglo XVIII se sustituye con un aumento importante de la natalidad de las familias catalanas.
Anexo
Tabla 1. Porcentajes globales de hombres y mujeres occitanos y franceses por parroquia
|
Localidades |
Comarca |
Período |
% franceses |
% francesas |
Autoría |
|
Abrera |
Baix Llobregat |
1602-1714 |
8,44 |
1,27 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Aguiló (Sta. Coloma de Q.) |
Conca de Barberà |
1570-1700 |
6,28 |
Gual (1992) |
|
|
Alcover |
Alt Camp |
1614-1623 |
7,2 |
Cavallé (1989) |
|
|
Alella |
Maresme |
1567-1700 |
14,36 |
Capdevila (2001 y 2004) |
|
|
Amer |
La Selva |
1601-1696 |
1,99 |
0 |
Autores |
|
Anglesola |
Urgell |
1565-1600 |
12,8 |
4 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Arbúcies |
La Selva |
1593-1700 |
3,68 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Ardèvol (Pinós) |
Solsonès |
1566-1593 |
9,3 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Arenys de Mar |
Maresme |
1589-1700 |
4,71 |
Capdevila (2001 y 2004) |
|
|
Arenys de Munt |
Maresme |
1566-1700 |
8,52 |
Torrent (1994) |
|
|
Argentona |
Maresme |
1567-1720 |
9 |
Gua, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Bagà |
Berguedà |
1619-1650 |
4,43 |
Soca (2003) |
|
|
Banyoles (Sta. M. dels Turers) |
Pla de l’Estany |
1588-1631 |
15,04 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Barberà de la Conca |
Conca de Barberà |
1610-1680 |
2,3 |
Gual (1992) |
|
|
Barcelona (Sant Just i Pastor) |
Barcelonès |
1566-1718 |
18,89 |
Nadal y Giralt (1960) |
|
|
Barcelona (Santa Maria del Pi) |
Barcelonès |
1690-1720 |
6,24 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Bàscara |
Alt Empordà |
1621-1700 |
6,05 |
Capdevila (2021) |
|
|
Begues |
Baix Llobregat |
1584-1699 |
3,72 |
0 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Bell-lloc d’Urgell |
Pla d’Urgell |
1715-1800 |
0 |
0 |
Romero y Gaya (1986) |
|
Belltall (Passanant i Belltall) |
Conca de Barberà |
1611-1623 |
20,8 |
Gual (1992) |
|
|
Berga |
Berguedà |
1607-1700 |
5,22 |
Soca (2003) |
|
|
Bigues (Bigues i Riells) |
Vallès Oriental |
1570-1679 |
4,67 |
Dantí (1986) |
|
|
Blancafort |
Conca de Barberà |
1563-1636 |
6,06 |
Gual (1992) |
|
|
Borrassà |
Alt Empordà |
1657-1700 |
2,41 |
Capdevila (2021) |
|
|
Botarell |
Baix Camp |
1591-1700 |
0,96 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Bràfim |
Alt Camp |
1661-1700 |
1,94 |
Autores |
|
|
Cabanes |
Alt Empordà |
1613-1700 |
14,29 |
Capdevila (2021) |
|
|
Cabrera de Mar |
Maresme |
1565-1700 |
9,09 |
Capdevila (2004) |
|
|
Cadaqués |
Alt Empordà |
1594-1700 |
4,87 |
Capdevila (2021) |
|
|
Calders |
Moianès |
1594-1714 |
3,13 |
0,28 |
Serra (2013) |
|
Caldes de Malavella |
La Selva |
1621-1690 |
8,28 |
Portella (1976) |
|
|
Calonge |
Baix Empordà |
1576-1637 |
5,71 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Campins |
Vallès Oriental |
1630-1700 |
6,2 |
Dantí (1986) |
|
|
Camprodon |
Ripollès |
1596-1697 |
5,69 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Canet de Mar |
Maresme |
1593-1700 |
6,2 |
Capdevila (2001 y 2004) |
|
|
Cànoves |
Vallès Oriental |
1570-1709 |
4,01 |
Dantí (1986) |
|
|
Capafonts |
Baix Camp |
1673-1700 |
1,75 |
Autores |
|
|
Cassà de la Selva |
Gironès |
1589-1717 |
3,53 |
Nadal y Giralt (1960) |
|
|
Localidades |
Comarca |
Período |
% franceses |
% francesas |
Autoría |
|
Casserres |
Berguedà |
1602-1650 |
6,12 |
Soca (2003) |
|
|
Castellbisbal |
Vallès Occidental |
1650-1659 |
7,14 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Castelló d’Empúries |
Alt Empordà |
1609-1800 |
7,99 |
0,6 |
Capdevila (2021) y autores |
|
Castellví de Rosanes |
Baix Llobregat |
1595-1800 |
2,8 |
0,4 |
Gual, Gual y Millàs (1998) y autores |
|
Cervelló |
Baix Llobregat |
1657-1714 |
1,38 |
0,46 |
Gual,Gual y Millàs (1998) |
|
Clarà (Castellar de la Ribera) |
Solsonès |
1606-1700 |
2,25 |
0 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Clariana (Argençola) |
Anoia |
1601-1700 |
5,11 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Conesa |
Conca de Barberà |
1595-1650 |
6 |
Gual (1992) |
|
|
Corbera de Llobregat |
Baix Llobregat |
1567-1700 |
9,97 |
0,77 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Corbera d’Ebre |
Terra Alta |
1694-1820 |
0,4 |
0,1 |
Cañabate (2019) |
|
Cornudella de Montsant |
Priorat |
1595-1694 |
4,38 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Correà (Montmajor) |
Berguedà |
1591-1628 |
3,4 |
Soca (2003) |
|
|
Creixell |
Tarragonès |
1576-1720 |
3,75 |
Nadal y Giralt (1960) |
|
|
Crespià |
Pla de l’Estany |
1656-1800 |
0,97 |
0 |
Autores |
|
Cubelles |
Garraf |
1634-1660 |
9,61 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Dosrius |
Maresme |
1567-1700 |
9,74 |
Capdevila (2001 y 2004) |
|
|
el Catllar |
Tarragonès |
1583-1700 |
2,54 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
el Cint (l’Espunyola) |
Berguedà |
1609-1650 |
1,25 |
Soca (2003) |
|
|
el Far d’Empordà |
Alt Empordà |
1657-1687 |
3,25 |
Capdevila (2021) |
|
|
el Montmell |
Baix Penedès |
1605-1636 |
9,43 |
0 |
Autores |
|
el Papiol |
Baix Llobregat |
1564-1799 |
3,56 |
0,31 |
Millàs (1993) |
|
el Sallent (Santa Pau) |
Garrotxa |
1641-1850 |
0 |
Reixach (1996) |
|
|
el Vendrell |
Baix Penedès |
1568-1673 |
9,65 |
2,05 |
Caralt (1986); Gual y Masdéu (2021) |
|
els Garidells |
Alt Camp |
1599-1700 |
9,46 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Esterri d’Àneu |
Pallars Sobirà |
1621-1700 |
11,11 |
Capdevila (2020) |
|
|
Figuerola del Camp |
Alt Camp |
1566-1640 |
8,42 |
Teixidó (1998) |
|
|
Figuerola i Guimons (les Piles) |
Conca de Barberà |
1583-1650 |
9 |
Gual (1992) |
|
|
Forés |
Conca de Barberà |
1571-1650 |
4,03 |
Gual (1992) |
|
|
Fortià |
Alt Empordà |
1589-1700 |
21,3 |
Capdevila (2020) |
|
|
Gandesa |
Terra Alta |
1605-1820 |
2 |
0,3 |
Cañabate (2019) |
|
Gelida |
Alt Penedès |
1605-1700 |
4,21 |
Rovira (2014) |
|
|
Girona (Catedral) |
Gironès |
1587-1700 |
7,79 |
0,38 |
Autores |
|
Igualada |
Anoia |
1551-1700 |
12,07 |
Torras (1987) y Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Igualada |
Anoia |
1551-1755 (en lustros) |
7 |
1 |
Gual y Jorba (2011) |
|
l’Espluga de Francolí |
Conca de Barberà |
1694-1800 |
0,92 |
Gual (1992) |
|
|
la Bisbal del Penedès |
Baix Penedès |
1615-1700 |
8,17 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
la Bisbal d’Empordà |
Baix Empordà |
1596-1600 |
24 |
Portella (1976) |
|
|
la Guàrdia dels Prats |
Conca de Barberà |
1594-1630 |
6,06 |
Gual (1992) |
|
|
la Móra (Navès) |
Solsonès |
1658-1700 |
0 |
0 |
Autores |
|
Localidades |
Comarca |
Período |
% franceses |
% francesas |
Autoría |
|
la Pobla de Claramunt |
Anoia |
1613-1648 |
7,56 |
Jorba (2010) |
|
|
la Pobla de Lillet |
Berguedà |
1616-1800 |
0,21 |
0,05 |
Capdevila (2020) |
|
la Quar |
Berguedà |
1580-1623 |
2,29 |
Soca (2003) |
|
|
la Seu d’Urgell |
Alt Urgell |
1599-1640 |
6,28 |
Capdevila (2020) |
|
|
la Seu d’Urgell (Sant Ot) |
Alt Urgell |
1601-1700 |
6,11 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
l’Ametlla del Vallès |
Vallès Oriental |
1570-1699 |
6,85 |
Dantí (1986) |
|
|
les Piles |
Conca de Barberà |
1569-1700 |
7,06 |
Gual (1992) |
|
|
Llançà |
Alt Empordà |
1567-1700 |
6,27 |
Capdevila (2021) |
|
|
Lleida (Catedral) |
Segrià |
1547-1600 |
17,44 |
3,15 |
Vilalta (1991) |
|
Lleida (Sant Llorenç) |
Segrià |
1641-1720 |
7,1 |
Nadal y Giralt (1960) |
|
|
Lliçà d’Amunt |
Vallès Oriental |
1568-1652 |
15,79 |
0,44 |
Autores |
|
Llobera |
Solsonès |
1571-1700 |
3,73 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Malgrat de Mar |
Maresme |
1589-1700 |
7,78 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Martorell |
Baix Llobregat |
1599-1714 |
10,98 |
0,21 |
Millàs (2005) |
|
Martorelles |
Vallès Oriental |
1650-1699 |
6,58 |
Dantí (1986) |
|
|
Mataró |
Maresme |
1564-1826 |
6,29 |
0,2 |
Subiñà (2003); Nadal y Giralt (1966); Ros (2003) |
|
Mediona |
Alt Penedès |
1575-1700 |
7 |
0 |
Autores |
|
Miravet |
Ribera d’Ebre |
1613-1820 |
3 |
1 |
Cañabate (2019) |
|
Montargull i Rauric (Llorac) |
Conca de Barberà |
1576-1600 |
5,15 |
Gual (1992) |
|
|
Montbrió de la Marca (Sarral) |
Conca de Barberà |
1587-1700 |
2,7 |
Gual (1992) |
|
|
Montbrió del Camp |
Baix Camp |
1634-1700 |
1,2 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Montclar |
Berguedà |
1592-1650 |
11,32 |
Soca (2003) |
|
|
Muntanyola (St. Esteve de Múnter) |
Osona |
1560-1669 |
18,3 |
Vilamala (1998) |
|
|
Mura |
Bages |
1578-1694 |
6,23 |
0 |
Autores |
|
Òdena |
Anoia |
1566-1700 |
7,77 |
0,74 |
Jorba (2010) |
|
Olesa de Montserrat |
Baix Llobregat |
1599-1800 |
4,39 |
1,01 |
Millàs (2015) |
|
Olot |
Garrotxa |
1600-1700 |
2,51 |
Capdevila (2020) |
|
|
Ordis |
Alt Empordà |
1592-1700 |
7,19 |
Capdevila (2021) |
|
|
Orís |
Osona |
1560-1660 |
4,15 |
Vilamala (1998) |
|
|
Òrrius |
Maresme |
1636-1700 |
4,76 |
Capdevila (2001 y 2004) |
|
|
Pacs del Penedès |
Alt Penedès |
1667-1700 |
1,79 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Palamós |
Baix Empordà |
1577-1715 |
5,51 |
Nadal y Giralt (1960) |
|
|
Palaudàries |
Vallès Oriental |
1600-1699 |
4,82 |
Heimann (1994) |
|
|
Passanant (Passanant y Belltall) |
Conca de Barberà |
1580-1650 |
4,3 |
Gual (1992) |
|
|
Perpinyà (Sant Jaume) |
Rosselló |
1595-1654 |
17,94 |
3,45 |
Peytaví (2010) |
|
Perpinyà (Sant Joan) |
Rosselló |
1595-1654 |
13,87 |
6,01 |
Peytaví (2010) |
|
Perpinyà (Sant Marc) |
Rosselló |
1595-1654 |
16,75 |
4,55 |
Peytaví (2010) |
|
Pira |
Conca de Barberà |
1590-1700 |
1,7 |
Gual (1992) |
|
|
Poboleda |
Priorat |
1594-1700 |
3,55 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Pontils |
Conca de Barberà |
1585-1700 |
4,44 |
Gual (1992) |
|
|
Localidades |
Comarca |
Período |
% franceses |
% francesas |
Autoría |
|
Premià de Dalt |
Maresme |
1571-1700 |
9,55 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Premià de Mar |
Maresme |
1564-1700 |
9,2 |
Capdevila (2004) |
|
|
Puig-reig |
Berguedà |
1599-1692 |
5 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Pujalt |
Anoia |
1602-1700 |
3,38 |
Millàs (2005) |
|
|
Rabós |
Alt Empordà |
1596-1700 |
10,03 |
Capdevila (2021) |
|
|
Reus |
Baix Camp |
1594-1699 |
3,39 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Riudecanyes |
Baix Camp |
1573-1693 |
2,65 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Riumors |
Alt Empordà |
1663-1700 |
8 |
Capdevila (2021) |
|
|
Rocafort de Queralt |
Conca de Barberà |
1569-1666 |
1,93 |
Gual (1992) |
|
|
Roses |
Alt Empordà |
1655-1700 |
5 |
Capdevila (2021) |
|
|
Rubí |
Vallès Occidental |
1576-1780 |
7,07 |
VV.AA. (1986) |
|
|
Rubió |
Anoia |
1601-1700 |
2,45 |
Jorba (2010) |
|
|
Saldes |
Berguedà |
1602-1650 |
2,29 |
Soca (2003) |
|
|
Sant Andreu de la Barca |
Baix Llobregat |
1566-1714 |
9,43 |
0,99 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Sant Andreu de Llavaneres |
Maresme |
1575-1700 |
5,7 |
Capdevila (2001 y 2004) |
|
|
Sant Boi de Llobregat |
Baix Llobregat |
1567-1702 |
17,2 |
1,26 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Sant Cebrià de Vallalta |
Maresme |
1598-1700 |
4,84 |
Capdevila (2001 y 2004) |
|
|
Sant Celoni |
Vallès Oriental |
1570-1649 |
12,72 |
Dantí (1986) |
|
|
Sant Climent de Llobregat |
Baix Llobregat |
1607-1700 |
11,02 |
0,49 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Sant Cugat del Vallès |
Vallès Occidental |
1597-1684 |
15,3 |
2,31 |
Miquel (2008) |
|
Sant Feliu de Codines |
Vallès Oriental |
1566-1700 |
3,89 |
0,12 |
Heimann (1994) |
|
Sant Feliu de Llobregat |
Baix Llobregat |
1583-1714 |
8,29 |
2,16 |
Gual, Gual y Millàs |
|
Sant Feliu de Pallerols |
Garrotxa |
1721-1808 |
0 |
0 |
Solà (1996-1998) |
|
Sant Jaume de Frontanyà |
Berguedà |
1599-1640 |
5,66 |
Soca (2003) |
|
|
Sant Joan de les Abadesses |
Ripollès |
1576-1714 |
5,2 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Sant Julià d’Altura (Sabadell) |
Vallès Occidental |
1605-1640 |
10 |
Simon (2004) |
|
|
Sant Julià de Vilatorta |
Osona |
1560-1660 |
13,3 |
Vilamala (1998) |
|
|
Sant Just Desvern |
Baix Llobregat |
1580-1800 |
476 |
1,12 |
Masdèu (2015) |
|
Sant Llorenç de Morunys |
Solsonès |
1627-1680 |
1,09 |
0 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
St. Martí de Riudeperes (Calldetenes) |
Osona |
1560-1660 |
6,5 |
Vilamala (1998) |
|
|
Sant Pere de Riudebitlles |
Alt Penedès |
1608-1799 |
1,95 |
0,35 |
Torrents (1993) |
|
Sant Quirze del Vallès |
Vallès Occidental |
1606-1699 |
6,12 |
0 |
Venegas y Fernández |
|
Sant Sadurní d’Anoia |
Anoia |
1567-1700 |
11,32 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Santa Agnès de Malenyanes (La Roca) |
Vallès Oriental |
1570-1679 |
9,95 |
Dantí (1986) |
|
|
Santa Coloma de Cervelló |
Baix Llobregat |
1568-1700 |
5,81 |
0 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Santa Coloma de Queralt |
Conca de Barberà |
1565-1800 |
4,92 |
Gual (1992) |
|
|
Santa Eugènia de Berga |
Osona |
1560-1660 |
2,75 |
Vilamala (1998) |
|
|
Santa Margarida i els Monjos |
Alt Penedès |
1626-1700 |
2,55 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Santa Maria d’Oló |
Moianès |
1581-1700 |
2,8 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Localidades |
Comarca |
Período |
% franceses |
% francesas |
Autoría |
|
Santa Perpètua de Gaià (Pontils) |
Conca de Barberà |
1578-1700 |
6,01 |
Gual (1992) |
|
|
Savallà del Comtat |
Conca de Barberà |
1566-1700 |
1,9 |
Gual (1992) |
|
|
Segura (Savallà del Comtat) |
Conca de Barberà |
1600-1649 |
4,4 |
Gual (1992) |
|
|
Sentmenat |
Vallès Occidental |
1570-1642 |
7,87 |
Solà y Forns (1988) |
|
|
Serrateix (Viver i Serrateix) |
Berguedà |
1592-1650 |
3,03 |
Soca (2003) |
|
|
Sitges |
Garraf |
1642-1720 |
0 |
Nadal y Giralt (1960) |
|
|
Siurana (Bellmunt de Siurana) |
Priorat |
1597-1700 |
13,63 |
Capdevila (2021) |
|
|
Sobremunt |
Lluçanés |
1560-1660 |
13,5 |
Vilamala (1998) |
|
|
Solsona |
Solsonès |
1597-1700 |
4,77 |
0,3 |
Gual, Gual y Millàs (1998); Gual y Masdéu (2021) |
|
Tarragona |
Tarragonès |
1575-1700 |
8,68 |
0,4 |
Recasens (1969); Lozano (2019) |
|
Tàrrega |
Urgell |
1605-1750 |
5,14 |
0,45 |
Planes (1987) |
|
Teià |
Maresme |
1583-1700 |
11,7 |
Capdevila (2004) |
|
|
Terrades |
Alt Empordà |
1593-1700 |
5,43 |
Capdevila (2021) |
|
|
Terrassola (Lladurs) |
Solsonès |
1601-1700 |
0 |
0 |
Autores |
|
Tiana y Montgat |
Maresme |
1606-1700 |
2,37 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Torà |
Solsonès |
1571-1639 |
4,51 |
Bach (1995) |
|
|
Tordera |
Maresme |
1584-1700 |
5,33 |
Capdevila (2014) |
|
|
Torelló |
Osona |
1578-1628 |
7,69 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
|
Torredembarra |
Tarragonès |
1586-1710 |
3,2 |
0,34 |
Buyreu (1997) |
|
Torregrossa |
Plana d’Urgell |
1561-1633 |
1,75 |
Capdevila (2017) |
|
|
Torrelles de Llobregat |
Baix Llobregat |
1566-1700 |
11,42 |
0,46 |
Gual, Gual y Millàs (1998) |
|
Tortosa |
Baix Ebre |
1502-1526 |
4 |
0 |
Muñoz (2005) |
|
Tossa de Mar |
La Selva |
1593-1660 |
4,55 |
Zucchitello (1982) |
|
|
Ulldecona |
Montsià |
1699-1800 |
0,29 |
Raga (1993) |
|
|
Ulldemolins |
Priorat |
1563-1700 |
1,25 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Vallclara |
Conca de Barberà |
1670-1700 |
4,35 |
Gual (1992) |
|
|
Valldora (Navès) |
Solsonès |
1566-1800 |
0,47 |
0 |
Autores |
|
Valldoreix (Sant Cugat del Vallès) |
Vallès Occidental |
1653-1699 |
2,08 |
Societat Catalana de Genealogia |
|
|
Vallespinosa (Pontils) |
Conca de Barberà |
1600-1699 |
12,5 |
Gual (1992) |
|
|
Vallgorguina |
Vallès Oriental |
1600-1709 |
6,67 |
Dantí (1986) |
|
|
Valls |
Alt Camp |
1572-1800 |
3,23 |
Olivé (1989) y autores |
|
|
Veciana |
Anoia |
1591-1700 |
3,47 |
Gual y Masdéu (2021) |
|
|
Ventalló |
Alt Empordà |
1662-1700 |
2,4 |
Capdevila (2021) |
|
|
Verdú |
Urgell |
1569-1630 |
14,96 |
Bach (1995) |
|
|
Vilabella |
Alt Camp |
1566-1640 |
8,41 |
Aguadé (1989) |
|
|
Vilabertran |
Alt Empordà |
1638-1700 |
4,25 |
Capdevila (2021) |
|
|
Viladecavalls |
Baix Llobregat |
1660-1800 |
0 |
Iglesis (1991) |
|
|
Vilafranca del Penedès |
Alt Penedès |
1605-1720 |
6,04 |
Nadal y Giralt (1960) |
|
|
Vilamajor |
Vallès Oriental |
1580-1699 |
5,06 |
Dantí (1986) |
|
|
Vilanova de Prades |
Conca de Barberà |
1597-1750 |
0,46 |
Gual (1992) |
|
|
Localidades |
Comarca |
Período |
% franceses |
% francesas |
Autoría |
|
Vilanova de Sau |
Osona |
1560-1660 |
13,5 |
Vilamala (1998) |
|
|
Vilanova del Vallès |
Vallès Oriental |
1600-1699 |
8,19 |
Dantí (1986) |
|
|
Vila-rodona |
Alt Camp |
1592-1700 |
8,2 |
Comas (2014) |
|
|
Vilassar |
Maresme |
1568-1700 |
9,69 |
Capdevila (2014) |
|
|
Vilaverd i la Riba |
Conca de Barberà |
1586-1700 |
4,14 |
Gual (1992) |
|
|
Vimbodí |
Conca de Barberà |
1631-1700 |
3,04 |
Gual (1992) |
Fuente: elaboración a partir de nuestros propios vaciados y de los datos recopilados de los trabajos consultados.
Bibliografía
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1 Ver, entre otros, Salas Auséns (1988, 1993, 1999, 2004, 2009…).
2 Los autores hemos ido recopilando a lo largo de muchos años datos relativos a los movimientos migratorios relacionados con Catalunya, procedentes tanto de vaciados documentales propios como aparecidos en numerosas publicaciones de todo tipo. Para este artículo hemos podido concordar las cifras anuales de matrimonios con las cifras anuales de inmigrantes occitanos y franceses de poco más de un centenar de parroquias sobre un total de unas trescientas en las que se han localizado dichos inmigrantes; en algunas publicaciones no es habitual encontrar a la vez ambas cifras con el detalle anual -sí aparecen resumidas-. Por ello, en algún caso hemos recurrido a los documentos originales disponibles a través de Internet para completar o realizar desde cero el recuento de una o de ambas cifras.
3 Gual i Vilà y Masdéu i Térmens (2021: 11, notas a pie de página 5 y 6).
4 “La inmigración francesa tuvo hasta 1625 el carácter de un gran hecho social. La proporción de maridos franceses, muy superior en promedio al 10 por 100 de todos los contrayentes masculinos, obliga a considerarlos como un factor demográfico de primer orden que pesaría decisivamente en la recuperación del potencial humano catalán” [Nadal i Oller (1956)].
5 Gascón hace referencia al dialecto más occidental de la lengua occitana, al cual pertenece el aranés, idioma propio de la Vall d’Aran, única comarca catalana de la vertiente atlántica. Respecto de gabacho (gavatx en catalán, gavach en occitano), su origen es más dudoso, aunque se relaciona con la región francesa de Gévaudan, situada en el Macizo Central; se le atribuye un carácter peyorativo, aunque aparece en un documento oficial de las cortes catalanas como es el fogatge de 1496-1497. Francés aparece en aquellos casos en los que no se detalla la población y el obispado de origen, seguramente por desconocimiento, al igual que extranjero, más genérico aún, si bien la gran mayoría de los extranjeros en Catalunya en aquella época eran occitanos o franceses. Occitania es un término relativamente moderno que hace referencia a la parte sur del estado francés que se corresponde con el área histórica de la lengua occitana (la “langue d’oc”, de ahí su denominación geográfica). Hoy en día es, además, el nombre de una región administrativa francesa que no incluye dicha área histórica al completo.
6 Disponemos de un amplio repertorio de referencias bibliográficas en torno a la inmigración francesa en Catalunya. No obstante, por razones obvias, en el apartado bibliográfico sólo hacemos alusión a los estudios que se mencionan directamente en este artículo, por lo que emplazamos a los lectores interesados a consultar nuestros trabajos ya publicados.
7 Aún hay media docena de comarcas sin ningún dato o con datos relativos a una única parroquia (Valle de Aran, Garraf, Pla d’Urgell, Montsià, Ribera d’Ebre, Alta Ribagorça); por otro lado, los datos referentes a la capital, Barcelona, corresponden a una sola parroquia (Sants Just i Pastor) de las siete en las que se dividía la ciudad en la Edad Moderna; ver Capdevila Muntadas (2021: 209-214). Queremos agradecer a Alexandra Capdevila Muntadas los datos de inmigrantes procedentes del reino de Francia que nos ha proporcionado y que sin duda contribuyen a mejorar nuestro propio trabajo.
8 Masdéu i Térmens (2021: 175-196); Millàs i Castellví (2016: 735-758, vol. 2).
9 Pacheco Catalán (2021: 345-346). Entre los siglos XIII y XIV, la familia Durfort tenía, entre otras propiedades, la señoría de Sant Feliu de Llobregat.
10 Gual i Vilà y Masdéu i Térmens (2021: 50-51).
11 Masdéu i Térmens (2016a: 118).
12 Ver, entre otros, Nadal i Oller y Giralt i Raventós (2000: 149-186) y Capdevila Muntadas (2019 y 2022).
13 Masdéu i Térmens (2016a: 57-58); Millàs i Castellví (2016: 316-317, vol. 1).
14 Es posible que, en algunas circunstancias, los inmigrantes escondieran adrede su procedencia por temor a represalias.
15 Codina i Vilà (1985).
16 Barquer i Cerdà (2018).
17 Los Llibres d’esposalles (Libros de esponsales o desposorios) son un registro económico de los matrimonios celebrados en la diócesis de Barcelona entre 1451 y 1904; los cónyuges tenían que pagar un pequeño sustento para el mantenimiento de la catedral de Barcelona, sede del obispado. El Centre d’Estudis Demogràfics (CED), centro adscrito a la Universitat Autònoma de Barcelona, ha digitalizado dichos libros a través del proyecto 5CofM (ERC-2010 AdG_269796, 2011-2016) y ha creado una base de datos (Barcelona Historical Marriage Database) que incluye más de 600.000 matrimonios. A partir de dicha base de datos, la inmigración francesa ha sido estudiada sobre todo por Amengual Bibiloni (2018).
18 Codina i Vilà (1997), Millàs i Castellví (2005), Barquer i Cerdà (2018).
19 Gual Vilà (2021: 252-284).
20 Ver en el anexo la tabla completa de nuestro recuento por parroquias, tanto bibliográfico como personal, basado exclusivamente en libros sacramentales de matrimonios.
21 Tineo Tineo (1996).
22 La edad y los años de residencia en Catalunya de los inmigrantes occitanos aparecen sobre todo en la Matrícula de franceses de 1637 y en algún caso en los expedientes matrimoniales de las curias diocesanas (ambos datos siempre aproximados). La información que proporciona la Matrícula de franceses ha sido trabajada especialmente por Nadal i Oller y Giralt i Raventós (1960) y, últimamente, por Capdevila Muntadas (2003, 2011 y 2018), entre otros.
23 Capdevila Muntadas (2014: 62-66) estima entre diez y quince años de adaptación e integración de los inmigrantes entre su llegada y su acceso al matrimonio a partir de los datos extraídos de los expedientes matrimoniales.
24 Gual Remírez, Gual i Vilà y Millàs i Castellví (1998); Millàs i Castellví (2005 y 2016); Gual i Vilà y Masdéu i Térmens (2021); Masdéu i Térmens (2021).
25 Ultra las fuentes primarias mencionadas en nuestros trabajos anteriores, para este artículo hemos vaciado los libros de matrimonio de las siguientes parroquias: Amer, Bràfim, Capafonts, catedral de Girona, Crespià, el Montmell, la Móra i Valldora (Navès), Lliçà d’Amunt, Mediona, Mura, Terrassola (Lladurs) i Valls. Unas presencialmente y otras por Internet [https://arxiuenlinia.ahat.cat/FonsDocumentals; https://www.arxiuadg.org/index.php/arxius/parroquies.html].
26 En el anexo reproducimos los porcentajes de maridos y mujeres procedentes del Reino de Francia casados en parroquias catalanas, junto a la cronología y las autorías correspondientes.
27 Capdevila Muntadas (2021: 220-229). Como veremos más adelante, no hay datos significativos procedentes de libros sacramentales de matrimonios anteriores a la finalización del Concilio de Trento (1563) que puedan ofrecer algún tipo de porcentaje equiparable a los obtenidos a partir de 1570.
28 Debemos señalar que no hay muchos estudios que hayan registrado la presencia de mujeres occitanas y francesas en los libros de matrimonios catalanes.
29 “Prior to the Industrial Revolution (<1750), most marriages occurred between people born only 10km from each other. Similar patterns were found when analyzing European-born individuals or North American-born individuals” [Kaplanis et al. (2018: 5)].
30 En relación al origen y el uso de la división comarcal catalana para el estudio de la demografía y la población catalana ver especialmente Gual i Vilà y Masdéu i Térmens (2021: 44-48). Respecto del ámbito de relación diaria, ver especialmente Masdéu i Térmens (2021: 178-182) y Millàs i Castellví (2016: 774-795, vol. 2).
31 Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Consejo de Aragón (CA), manuscritos 551 y 552: Matrícula de franceses residentes en las costas de Cataluña y Rosellón (1637). Documento realizado para controlar las actitudes y actividades de esta población ante la guerra contra Francia. Remitimos al lector interesado en ampliar el conocimiento de la elaboración de este documento a un artículo de Capdevila Muntadas (2018).
32 Hasta la fecha, el recuento más exhaustivo corresponde a las trescientas una parroquias detalladas por Capdevila Muntadas (2021: 213), aunque el mapa de la página 219 alude a doscientas parroquias y notarías y los mapas de las páginas 224, 225 y 228 aluden a ciento setenta y siete parroquias y notarías.
33 “Otros movimientos internacionales fueron, en realidad, procesos de ósmosis entre áreas contiguas, como la inmigración del sur de Francia a Aragón, a Valencia y, sobre todo, a Cataluña, entre finales del siglo XV y el primer tercio del XVII. Se calcula que, en la segunda mitad del siglo XVI, un catalán de cada cinco había nacido al otro lado de la frontera” [Livi Bacci (2012: 70)].
34 Al margen de la publicación, se puede consultar el documento original digitalizado a través del portal PARES.
35 Gual i Vilà (2021: 255).
36 Gual i Vilà y Masdéu i Térmens (2021: 33-42).
37 Amengual Bibiloni (2018).
38 Nadal i Oller y Giralt i Raventós (1960).
39 Subiñà i Coll (2003).
40 Massanell i Esclassans (1988).
41 Comas i Pié (2014).
42 Moreu-Rey (1962).
43 Millàs i Castellví (2005).
44 Rafat i Selga (1993).
45 Gual i Vilà (2021: 276-283).
46 Peytaví i Deixona (2010: 298).
47 Nadal i Oller y Giralt i Raventós (2000: 136-137).
48 Archivo General de Simancas, Estado, Legajo 0319.
49 Se trata de los Estanys dels Gavatxos y del Colladó dels Gavatxos, ambos en la Vall de Boí.
50 Esta cifra procede del proyecto “Estudi demogràfic de l’Andorra moderna (S. XVI-XIX)”, integrado por Jordi Buyreu, Sònia Gual, Valentí Gual, Xavier Jorba, Raimon Masdéu y Adrià Sastre. Dicho proyecto recibe una subvención del Ministeri de Cultura, Joventut i Esports del Govern d’Andorra (APTA XXX-AND/2019) y se inscribe en el marco del Grup d’Estudis d’Història del Mediterrani Occidental (GEHMO) de la Universitat de Barcelona, reconocido como grupo consolidado por la Generalitat de Catalunya, referencia: 2021-SGR 00685 y también colabora con el proyecto del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades con el título: Agentes e instituciones en la red catalana del Mediterráneo (Siglos XVI-XVIII) referencia: PID2021-12634NB-100.
51 Vila i Fumàs (1995); Moliné i Coll (1988-1989).
52 Canyameres i Ramoneda (1994).
53 Codina i Vilà (1997).
54 Llobet i Portella (1989).
55 Massanell i Esclassans (1988).
56 Colls i Comas (2002).
57 Amengual Bibiloni (2018: 150-157).
58 Vilalta i Escobar (1991).
59 Torras i Ribé (1987).
60 Nadal i Oller y Giralt i Raventós (1960).
61 Hay que tener en cuenta que Nadal i Oller y Giralt i Raventós no consideraban la parroquia de Sant Just i Pastor como representativa del conjunto de la población de la capital catalana (2000: 39).
62 Ver: Gual i Vilà (2021: 276-284); Bach i Riu (1995: 31-32); o, entre otros, Moliné i Coll (1988-1989: 365-402).
63 No hay ninguna de las ciento cinco parroquias que cubra todo el período observado al completo (ver la nota a pie de página número 2).
64 Torras i Ribé (1987).
65 Codina i Vilà (1999).
66 Se pueden ver otros ejemplos en Nadal i Oller y Giralt i Raventós (2000: 99-100).
67 Carrera Pujal (1946: 386, vol. 1).
68 La pérdida de numerosos libros sacramentales a lo largo y ancho del territorio catalán no permite asegurar ni en positivo ni en negativo la presencia de inmigrantes en todas ellas.
69 Los datos aportados por Capdevila Muntadas (2020) indican que, a partir de 1660, un 15,4 % de los inmigrantes franceses llegados a Catalunya procedían del obispado de Elna, de los cuales el 51 % se concentran en las cuatro comarcas limítrofes con dicho obispado (Cerdanya, Ripollès, Garrotxa y Alt Empordà).
70 Los inmigrantes que se declaran temporales representan entre el 5 y el 10 % del total (Nadal i Oller y Giralt i Raventós, 2000: 218; Amengual Bibiloni, 2018: 217-220).
71 Amengual Bibiloni (2018).
72 Gual i Vilà (2021: 273-274).
73 Nadal i Oller y Giralt i Raventós (2000: 243-244).
74 Iglésies i Fort (1949).
75 Vilar (1987).
76 Masdéu i Térmens (2016b).
77 López Guallar (2011: 13); Muñoz Pradas (1990: 216). Es más, la muestra del gráfico 3 (1701-1800) incluye una parroquia de Alt Camp, cuatro parroquias del Baix Llobregat, una parroquia del Berguedà, una parroquia de Conca de Barberà, una parroquia del Pla de l’Estany, una parroquia del Solsonès, una parroquia del Vallès Occidental y una parroquia del Montsià. Según el censo oficial de 1860, la población extranjera -no solo franceses- residente en Barcelona representaba únicamente el 1,6 % del total.
78 Algunos ejemplos de ello son los trabajos de Sobrequés i Callicó (1964), Arranz Herrero (1970) y Moreno Claverías (2015).
79 Vila i Fumàs (1995).
80 Raga Canalda (1993).
81 Riera i Socasau (1990).
82 Peytaví i Deixona (2010: 313-320).
83 La traducción de cuyo título es: “Un proyecto nacional urgente: el estudio del impacto de la inmigración francesa en Catalunya durante la Edad Moderna”.
84 Podemos poner un ejemplo reciente para comparar: la inmigración andaluza de la segunda mitad del siglo XX se circunscribe, principalmente, a una veintena de años (1955-1975), durante los cuales llegaron a Cataluña entre 800.000 y 900.000 inmigrantes. En el caso occitano y francés, la documentación nos permite hablar de un fenómeno que se alargó más de doscientos años (aproximadamente entre 1480 y 1715) con un período de alta intensidad migratoria de unos cincuenta años, entre 1570 y 1620. No entraremos aquí a valorar si las condiciones externas que provocaron ambos movimientos migratorios son comparables o no.
85 Capdevila Muntadas (2010).